El Parlamento iraní solicitó este domingo el cierre del estrecho de Ormuz, una de las rutas más importantes del mundo para el transporte de petróleo crudo, lo que ha encendido las alarmas sobre un posible aumento global en el precio del combustible.
El estrecho, ubicado entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán, es un paso estratégico por donde circula alrededor del 20% del petróleo y gas natural que consume el planeta. Diariamente transitan por esta vía unos 13 buques cisterna que transportan más de 15 millones de barriles de crudo.
La solicitud del Parlamento fue anunciada por el general Esmaeil Kowsari, miembro del Comité de Seguridad del mismo órgano, quien aseguró a la televisión estatal Press TV que "se ha alcanzado un consenso" para cerrar el estrecho.
Sin embargo, la decisión aún debe ser aprobada por el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, integrado por el presidente Masud Pezeshkian, representantes del líder supremo, ministros y altos mandos militares.
Bombardeo de Estados Unidos
Esta amenaza ocurre en un contexto de creciente tensión en Medio Oriente. En la madrugada del domingo, Estados Unidos bombardeó tres instalaciones nucleares iraníes (Fordó, Natanz e Isfahán) como parte de su apoyo a Israel en el conflicto que mantiene con la República Islámica desde el 13 de junio.
Ese día, Israel lanzó ataques con misiles contra bases militares y nucleares iraníes, matando a varios miembros de alto rango de su cúpula militar.
Desde entonces, los intercambios de fuego entre ambos países no han cesado, con bombardeos diarios que ya han causado más de 430 muertes en Irán, la mayoría civiles, según medios locales. Israel, por su parte, ha reportado 24 fallecimientos producto de ataques iraníes.
Este domingo también se reportaron nuevos bombardeos israelíes contra objetivos militares en la provincia de Bushehr, donde se encuentra la única central nuclear iraní, y en Yazd, donde fue atacada una central eléctrica. En Isfahán, además, se activaron los sistemas de defensa para interceptar nuevos proyectiles enemigos.
La posible interrupción del tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz podría desencadenar un impacto económico global inmediato, afectando tanto los precios del petróleo como la estabilidad geopolítica en la región. Analistas internacionales advierten que una decisión de este tipo escalaría aún más el conflicto y tendría repercusiones en todo el mundo.
