La colonia Playas de Tijuana despertó el 11 de junio de 2015 con un olor fétido que alertó a varios vecinos. Minutos después, patrullas rodearon la zona y los agentes localizaron bolsas negras con restos humanos.

Ese hallazgo abrió uno de los crímenes más perturbadores de la década en Baja California: el asesinato de Yuliya Masney y su hija menor, presuntamente a manos de Anastasia Lechtchenko Masney, de 19 años.

Una familia llegada del Circo Ruso

Anastasia nació en 1995 en San Luis Potosí. Sus padres, Yuliya Masney Safonchik e Igor Lechtchenko, se conocieron como parte del elenco del Circo Ruso que visitó México a mediados de los noventa. Ambos se enamoraron del país y decidieron instalarse después de cerrar gira.

La familia vivió primero en San Luis Potosí y años después se mudó a Tijuana. Yuliya trabajó como maestra de ruso y antes había sido pianista y acróbata. Igor consiguió empleo como entrenador de gimnasia en el Centro de Alto Rendimiento.

En 2007 nació Valeria, la hermana menor de Anastasia, una niña con autismo y discapacidad múltiple.

Familia
Anastasia asfixió con una soga a Yuliya, su mamá y Valeria, su pequeña hermana. Foto: Infobae México

El matrimonio se separó poco después y Yuliya asumió sola el cuidado de sus dos hijas. Igor se alejó, aunque más tarde se supo que trabajaba en una universidad de Baja California.

El crimen y las motivaciones que narró Anastasia

La policía confirmó que los cuerpos encontrados aquel 11 de junio pertenecían a Yuliya, de 47 años, y a Valeria, de 12. La investigación apuntó a Anastasia después de que su novio y una amiga declararan que ella confesó el doble homicidio tres días antes.

La fiscalía reconstruyó el ataque: Anastasia asfixió a su madre y a su hermana con una cuerda, las apuñaló y desmembró en la cocina con tres cuchillos. Todo ocurrió en siete horas, según el expediente.

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Ella misma admitió que buscó en internet instrucciones para “matar a una bruja” y “desmembrar un cuerpo”.

La joven aseguró que su madre "practicaba brujería" y que Valeria actuaba como “muñeca y aliada”, por lo que, según su dicho, necesitaba matarlas para frenar supuestos trabajos espirituales.

También confesó que consumió drogas y cristal durante cinco días previos al asesinato y afirmó sentir “pulsaciones y punzadas” que no la dejaban dormir.

Inconsistencias y acusaciones de tortura

El caso quedó marcado por varias dudas. Peritos encontraron ADN de un hombre no identificado en la escena del crimen. Los cuchillos y las bolsas carecían de huellas de Anastasia. Ella aseguró después que los policías la violaron, la golpearon y la obligaron a confesar.

"Yo había consumido drogas durante cinco días. Cuando me detuvieron, me dijeron que si aceptaba todo me iban a sacar", declaró años después en medios locales.

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A pesar de esas contradicciones, el tribunal la condenó basándose en su confesión inicial y evidencia digital. Los vecinos afirmaron que dejaron de ver a Yuliya y a Valeria desde el 7 de junio. Igor viajó a Tijuana cuando conoció el doble homicidio.

El interior de la casa: un rastro de caos

La vivienda alquilada donde ocurrieron los hechos mostraba desorden en cada habitación.

Los agentes hallaron frascos de café llenos de colillas en el cuarto de Anastasia, una caja con zapatillas de Valeria en el patio y ropa húmeda dentro del lavarropas. Un limonero aromatizaba el jardín pese al ambiente de tensión.

Casa
La familia Lechtchenko rentaba una casa en la colonia Playas de Tijuana. Foto: Infobae México

En la cocina quedaron cajas de medicamentos para la niña, bolsas de plástico utilizadas para envolver los restos, un libro de Paulo Coelho, una taza vacía y una botella de refresco.

En otro cuarto, un cuaderno contenía una carta escrita con tinta roja dirigida a un amor no correspondido: “Ya estás muy lejos de mí”.

La vida en prisión y la versión que Anastasia mantiene

Anastasia actualmente permanece en la penitenciaría de Tijuana desde hace más de siete años.

En su primera entrevista, aseguró inocencia: “Yo no descuarticé a mi mamá”. Recordó que recibió duchas frías, que lloró hasta provocarse alergias y que actualmente recibe flupazin, un antipsicótico. Antes del crimen, médicos ya la habían internado en un hospital psiquiátrico, pero la familia no tuvo recursos para continuar el tratamiento.

Durante las primeras semanas en prisión, Anastasia marcó repetidamente el número de su madre sin comprender lo ocurrido.

“Siempre esperaba una respuesta”, contó. Más tarde llamó a su padre, quien finalmente le explicó la realidad del caso.

El expediente continúa generando controversia en sectores jurídicos y sociales, mientras Anastasia cumple su condena en medio de una historia marcada por violencia, enfermedad mental, adicciones y una investigación rodeada de dudas.

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