La Semana Santa de 2011 una avioneta llevó a Los Cachiros hasta Roatán para una reunión que años después sería relatada ante un jurado federal de Miami.
El motivo, según el testimonio durante el juicio contra Sergio Neftalí Mejía Duarte, tenía detrás una historia mucho menos turística.
Una avioneta se recibió, pero terminó quemada y enterrada. Warner Broon Benítez López declaró que llegó a Roatán acompañado de Jairo y miembros de Los Cachiros, entre ellos Javier y Leonel.
Dijo que inicialmente viajaron para pasear y montar motos acuáticas, pero relató que Javier y Leonel tenían otro asunto pendiente en la isla.
Según Benítez, buscaban hablar con Mejía Duarte, a quien llamaba “compadre Neftalí”, acerca de una avioneta que habían recibido.
“Ellos iban a hablar con el compadre Neftalí sobre una avioneta que recibieron, pero tuvieron que quemarla y enterrarla”, declaró el testigo.
El episodio aparece en la transcripción del juicio celebrado en enero de 2018 en el Tribunal Federal del Distrito Sur de Florida.
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Los Cachiros llegaron a Roatán en Semana Santa
Benítez situó aquel viaje durante la Semana Santa de 2011 y contó ante el jurado lo que ocurrió entre Jueves y Viernes Santo.
Para entonces, aseguró, llevaba años moviéndose dentro de las estructuras que transportaban cocaína desde Sudamérica hacia Honduras.
Antes de describir el episodio de Roatán, identificó a Los Cachiros como dos hermanos hondureños de Trujillo que fueron socios suyos en actividades de narcotráfico.
También declaró que participó con ellos en operaciones relacionadas con embarcaciones recibidas junto a personas del entorno familiar de Mejía Duarte.
El testigo identificó a dos de esos hombres únicamente como Jairo y Chele, a quienes describió como cuñados y hombres cercanos de Mejía Duarte.
Es dentro de esa relación que aparece la escena de Roatán, el colombiano contó que viajó con Jairo y Los Cachiros hacia la isla y mencionó específicamente a Javier y Leonel como los dos hermanos.
La razón de la conversación con Mejía Duarte, era aquella aeronave que había terminado destruida.
El expediente no precisa en ese pasaje dónde aterrizó la avioneta, cuánto transportaba ni las circunstancias que obligaron a quemarla y enterrarla. Tampoco establece allí quién tomó la decisión de destruirla.

Benítez no escuchó la conversación sobre la avioneta
Hay una precisión importante en el mismo testimonio y es que Benítez no participó en la reunión donde presuntamente se discutiría lo ocurrido con la avioneta.
Cuando el fiscal le preguntó directamente si asistió al encuentro entre Los Cachiros y Mejía Duarte para hablar de la aeronave, respondió: “No, señor”.
Explicó que únicamente saludó a Mejía Duarte y después se retiró. Según su relato, lo encontró en un restaurante y Javier permaneció allí.
El fiscal confirmó entonces que se refería a Javier, uno de los hermanos de Los Cachiros.
Ese testimonio de un narcotraficante solo aseguró acompañar a Los Cachiros hasta Roatán cuando estos pretendían tratar con él el incidente.
Los Cachiros ya aparecían dentro de la ruta
La presencia de Los Cachiros alrededor de Mejía Duarte no quedó limitada a aquella reunión.
Benítez declaró que entre 2006 y 2011 las drogas ingresaban a Honduras mediante barcos, lanchas rápidas, contenedores y vuelos.
Al explicar con quiénes había trabajado, mencionó a Los Cachiros y aseguró que participaron en operaciones relacionadas con la recepción de embarcaciones.
Otro testimonio presentado durante el mismo juicio también vinculó comercialmente a Los Cachiros con el entorno de Mejía Duarte.
El testigo Guillermo Lozano declaró que conoció a los hermanos de Colón y que los vio junto a quien identificaba como “Compa”, apodo utilizado durante el proceso para referirse a Mejía Duarte.
Lozano sostuvo que realizó entregas entre ambos lados y describió acuerdos mediante los cuales una parte podía asumir cargamentos desde determinados puntos del país.

Una avioneta de la que el expediente deja preguntas
El juicio mostró que las aeronaves formaron parte de los mecanismos utilizados para introducir cargamentos de cocaína a Honduras.
La Fiscalía presentó a Mejía Duarte como un enlace hondureño dentro de una ruta que comenzó en Colombia, atravesó Centroamérica y México y terminó en Estados Unidos.
Pero el episodio particular de Roatán deja vacíos y es en el pasaje donde aparece la aeronave no se revela su matrícula, procedencia, lugar de aterrizaje ni cantidad de droga que presuntamente transportó.
Tampoco explica cómo se destruyó, dónde la enterraron o quiénes participaron directamente en esas acciones.
Lo que se registró bajo juramento fue aquella escena: Semana Santa de 2011, un viaje a Roatán y miembros de Los Cachiros que, según Benítez, tenían pendiente hablar con Mejía Duarte.
En medio de todo aparecía una avioneta que ya no podía volar, la quemaron y enterraron.
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