Cuando Honduras apenas comenzó a entregar a sus narcotraficantes a la justicia estadounidense, Juving Alexander Suazo Peralta abordó un avión con destino a Estados Unidos sin imaginar que la información que llevaba en la cabeza terminaría valiendo más que cualquier cargamento de cocaína.

El 28 de octubre de 2014 se convirtió en apenas el segundo hondureño extraditado hacia territorio estadounidense.

Las pruebas en su contra parecían contundentes y el panorama judicial no ofrecía demasiadas salidas.

Sin embargo, mientras otros capos acumulan décadas tras las rejas, Suazo encontró una puerta que pocos logran abrir: convertirse en colaborador de los fiscales federales.

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Juving del mar Caribe a una corte federal

Juving Suazo admitió que formó parte de las rutas del narcotráfico que conectaban Sudamérica, Honduras y Estados Unidos.

Ante las autoridades estadounidenses reconoció que trabajó como capitán de una embarcación al servicio del narcotraficante hondureño Carlos “El Negro” Lobo.

Posteriormente pasó a desempeñar un papel más importante dentro del negocio, coordinó envíos de cocaína que llegaron a Honduras para luego ser trasladados hacia Estados Unidos.

El 10 de febrero de 2015 se declaró culpable del delito de conspiración para traficar más de cinco kilogramos de cocaína hacia territorio estadounidense.

Dos meses después llegó el golpe judicial. El 21 de abril de ese mismo año una corte federal lo condenó a 208 meses de prisión, equivalentes a más de 17 años y tres meses de cárcel.

Ese parecía ser el final de la historia.

Testigo colaborador

La propuesta que cambió su destino

Pero para la Fiscalía apenas era el comienzo, tras la sentencia, fiscales del Distrito Sur de Florida le ofrecieron un acuerdo que cambiaría radicalmente el rumbo de su caso.

A cambio de reducciones en su condena, Juving Suazo debía proporcionar información, testificar en juicios y colaborar en investigaciones contra otros narcotraficantes.

Suazo aceptó. El trato incluía una condición innegociable: si mentía o entregaba información falsa, perdería los beneficios y podría enfrentar nuevos cargos criminales.

Era una apuesta de alto riesgo.

El testigo que ayudó a encerrar a otros narcos

La colaboración comenzó a dar resultados. Documentos judiciales señalan que Juving declaró contra el narcotraficante hondureño Juan Carlos Arbizú Hernández.

Su testimonio se consideró útil para fortalecer el caso de la Fiscalía y contribuir a una condena que mantendrá a Arbizú en prisión hasta el año 2042.

Los fiscales también reportaron que Suazo brindó otras asistencias consideradas valiosas para investigaciones federales relacionadas con el narcotráfico internacional.

La recompensa no tardó en llegar, el 26 de enero de 2018, tras una solicitud de la Fiscalía, la corte aceptó reducir en un 50 por ciento la condena original.

De un plumazo, la sentencia pasó de más de 17 años a poco más de ocho años y cinco meses.

captura
La captura de Juving Alexander Suazo Peralta se ejecutó en octubre de 2014. Foto: cortesía.

Una segunda rebaja

La historia no terminó allí, mientras cumplía condena, los fiscales del Distrito Este de Virginia también recurrieron a Juving para apoyar otros procesos contra narcotraficantes hondureños.

Entre ellos figuraban Arnulfo Fagot Máximo y Noé Montes Bobadilla. Según los fiscales, en el caso de Montes Bobadilla fue determinante su declaración.

La posibilidad de enfrentarlo como testigo terminó pesando en la decisión de declararse culpable.

Con Fagot Máximo la situación fue distinta. El caso llegó a juicio y Juving compareció ante la corte para testificar. La Fiscalía calificó su participación como crucial para alcanzar un veredicto condenatorio.

Aquella cooperación adicional generó una nueva petición de reducción de pena y esta vez, los fiscales solicitaron otro descuento del 15 por ciento.

La libertad llegó mucho antes

La diferencia entre la condena original y el tiempo que realmente pasó en prisión terminó siendo enorme.

Aunque inicialmente debía permanecer encarcelado hasta la década de 2030, Juving Suazo recuperó su libertad el 31 de mayo de 2019.

Habían transcurrido menos de cinco años desde su extradición. Lo que comenzó como una condena superior a 17 años se redujo a una fracción de ese tiempo.

Todo gracias a una estrategia que las autoridades estadounidenses reservan para quienes pueden aportar información relevante contra organizaciones criminales de mayor escala.

La carta que valía más que la cocaína

Durante una audiencia judicial, el propio Juving resumió el compromiso que asumió con el Gobierno estadounidense.

Su obligación consistía en mantenerse disponible para proporcionar información, rendir testimonios y colaborar cada vez que los fiscales lo requirieran.

Esa fue la carta que jugó. No fueron apelaciones, tecnicismos legales ni errores procesales los que acortaron su estancia en prisión.

Fue la información que acumuló durante años dentro del mundo del narcotráfico. Mientras otros extraditados hondureños sumaron décadas en cárceles federales, el segundo hombre que Honduras entregó a Estados Unidos encontró una salida distinta.

Juving convirtió los secretos del negocio en una moneda de cambio capaz de borrar buena parte de una condena que parecía inamovible.

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