El individuo, que afirmaba ser una "persona católica, cristiana y apostólica", logró infiltrarse en la confianza de varias familias de la zona, presentándose como una figura de santidad y guía espiritual.

Las denuncias indican que el impostor utilizó su supuesta vocación divina para acercarse a las familias y, en particular, a las niñas, a quienes les hablaba de Dios y los valores cristianos.

Esta estrategia le permitió mantenerse cerca de sus víctimas sin levantar sospechas entre los adultos, que lo consideraban una "santa paloma".

Sin embargo, la fachada del hombre se derrumbó cuando las familias descubrieron el abuso cometido contra dos menores y no dudaron en alertar a las autoridades locales. La rápida acción de la Policía de Soacha permitió hacer seguimiento al caso, culminando con la captura y judicialización del falso pastor.

Manuel Silva, director de las fiscalías de Cundinamarca, informó sobre los avances en la investigación, señalando que el abuso tuvo lugar en una vivienda donde el agresor había ganado la confianza de las víctimas. Aprovechando los momentos en que se encontraba a solas con las niñas, el hombre cometió los vejámenes.

Las autoridades continúan profundizando en la investigación para asegurar que se haga justicia y prevenir que hechos similares ocurran en el futuro.

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