Las leyendas de El Salvador son parte de la tradición del país, pues, estos relatos incluyen desde seres míticos hasta personajes sin cabeza que se dedican a robar almas.

Para mantener viva la esencia de las mismas en las nuevas generaciones, estas narraciones se cuentan en distintos periodos de tiempo.

Cabe resaltar que, aunque depende mucho del estilo de quien las cuente, estas pueden transmitir miedo o solamente quedarse como una historia difícil de creer.

Por otro lado, son varios los escenarios donde se pueden encontrar estos relatos, pero los que aparecen con frecuencia son aquellos que tienen como incluyen el campo y la soledad de la noche.

Al igual, estos relatos no solo forman parte del folclor salvadoreño sino que comparten tradición con algunos países centroamericanos, siendo común escuchar los relatos con mismos personajes pero con escenarios diferentes.

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Leyendas de El Salvador

Son múltiples las ocasiones donde las familias se reúnen para poder recordar estos relatos que mantienen viva la tradición en El Salvador.

Al igual, estás son parte del entretenimiento en muchos pueblos, donde más de alguno de los habitantes aseguran haber visto a más de alguno de estos seres míticos.

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La Siguanaba

Es una de las historias más conocidas en El Salvador, y esta relata la maldición lanzada sobre una hermosa mujer llamada Sihuehuet.

Sihuehuet quedó embarazada del dios Tláloc, este quedó perdidamente enamorado de ella y fruto de ese amor la mujer dió a luz un hijo.

Considerada mala madre por los aldeanos, la mujer dejaba a su hijo solo en casa para salir a pasear.

Por la ausencia de la madre, el niño solamente se alimentaba de ceniza, enterándose de esto dios Tláloc se enfureció y le lanzó una maldición.

Tláloc pronunció: "ya no serás conocida con tu nombre anterior, sino que todos te llamarán Sihuanaba que significa horrible mujer.

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Desde lejos la mujer parece una mujer bella pero al momento acercarse, se convierte en un horrible monstruo.

La Siguanaba deambula por las veredas y campos solitarios en busca de hombres trasnochadores para seducirlos y conducirlos a la muerte.

El Cipitío

Otras de las leyendas de El Salvador es el Cipitío, quien, según cuentan los guanacos, es el hijo de la Siguanaba.

El Cipitío es una criatura con aspecto de duende inofensivo,  bajito, barrigón y tiene los pies vueltos al revés, de modo que sus huellas engañan, creando así la ilusión de dirigirse en una dirección cuando en realidad lo hace exactamente en la contraria.

Como a su madre Sihuehuet, el dios Tláloc le lanzó una maldición a su hijo; maldiciéndolo a quedarse como un niño de 10 años y nunca crecer.

Este ser se esconde en los matorrales cerca de los ríos y quebradas a espera de muchas bellas para poder lanzarles flores acompañado de piropos.

Se dice que al Cipitio solamente lo pueden ver los niños y posee poderes mágicos para poder trasladarse a otro lugar.

Al igual, si el Cipitío encuentra una muchacha linda es difícil que se aleje de ella, la única forma de alejarlo es que la muchacha coma dentro de un inodoro, sentada en la tasa, así la criatura se aleja rápidamente porque detesta los malos hábitos.

La Carreta Chillona

El relato de la carreta chillona cuenta que se pasea en retroceso por algunas calles de El Salvador y su nombre proviene por su sonido "chillón" que hacen sus llantas de madera cuando avanza.

Esta carreta en sus palos transporta huesos y no es conducida por nadie, los relatos dicen que la maneja algún espíritu y otras versiones indican que es conducida por un difunto sin cabeza.

Según dice la leyenda esta carreta sale a medianoche desde el cementerio de los pueblos y transporte huesos y decapitados, nombrando aquellos que son falsos, mentiroso e hipócritas como advertencia que ese será su destino si no cambian.

Una de las hipótesis que se maneja alrededor de esta leyenda es que proviene desde la epidemia del cólera durante los años 1800 cuando se utilizaba una carreta para trasladar a los fallecidos, quedando en la imaginación de muchos como la "carreta chillona"

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