Hay madres hondureñas que no cruzan México para llegar a Estados Unidos. Lo hacen para buscar a sus hijos, los migrantes hondureños desaparecidos, que un día partieron y nunca regresaron.
Viajan con fotografías, nombres y la esperanza de encontrar una pista donde las respuestas oficiales todavía no llegan.
La búsqueda de migrantes hondureños desaparecidos es una lucha que atraviesa fronteras.
Algunas familias llevan años recorriendo ciudades mexicanas, visitando instituciones y participando en jornadas de búsqueda para descubrir qué ocurrió con sus seres queridos.
Mientras pasan los años, las familias esperan una llamada, una identificación o cualquier información que permita conocer el destino de quienes desaparecieron en la ruta migratoria.
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Migrantes: Marina Castillo, una madre que busca a su hijo
Marina Castillo conoce el precio de esa incertidumbre y desde Comayagua viajó a México para encontrar a Jordín Ariel Castillo, su sobrino, a quien crió desde pequeño y considera su hijo.
Jordín tenía 21 años cuando lo deportaron desde Estados Unidos hacia Nogales, Sonora, el 6 de marzo de 2021.
Junto a él estaba otro hondureño, Héctor Manuel Dubón, de 25 años y cuenta que aquella madrugada, Jordín logró comunicarse con ella.
Le informó que a ambos los deportaron y ese fue el último mensaje que recibió antes de que desaparecieran.
El joven salió de Honduras con planes de trabajar, ahorrar dinero, comprar una casa y abrir un negocio.
Su intención era regresar después de algunos años, pero su familia enfrenta una búsqueda que ya supera los cinco años.
Marina denunció la desaparición ante las autoridades hondureñas y mexicanas. Sin embargo, después de meses sin obtener respuestas, decidió viajar personalmente al territorio donde perdió contacto con Jordín.
Desde entonces participa en tres jornadas de búsqueda en Sonora, acompañada por la Red Regional de Familias Migrantes.

Madres hondureñas que terminan investigando por su cuenta
La búsqueda de migrantes hondureños desaparecidos no se limita a presentar denuncias.
Las familias también recorren comunidades, colocan fotografías y preguntan a desconocidos si han visto a sus seres queridos.
Son tareas que realizan en territorios donde operan organizaciones criminales vinculadas al tráfico de personas y otras actividades ilícitas.
En localidades como Nogales, Altar y Sásabe, los colectivos intentan reunir testimonios y pistas que posteriormente entregan a las autoridades mexicanas para solicitar investigaciones.
El especialista en crimen organizado David Saucedo advierte que los familiares extranjeros enfrentan dificultades adicionales para recibir asistencia institucional.
Según explicó, algunas autoridades locales exigen documentos mexicanos, como credenciales de elector o comprobantes de domicilio, que las familias centroamericanas no poseen.
Así, quienes llegan buscando respuestas pueden encontrarse con obstáculos administrativos que complican todavía más su situación.
Más de mil hondureños en los registros de desapariciones
Según cifras de la Comisión Nacional de Búsqueda de México citadas por Noticias Telemundo, existen registros de 2,551 personas desaparecidas procedentes de países centroamericanos.
De ese total, el 41 % corresponde a hondureños, una proporción equivalente a aproximadamente 1,046 personas.
La cifra coloca a Honduras en el centro de una problemática que afecta a familias de toda la región.
Sin embargo, el registro citado no permite establecer cuántas personas continúan desaparecidas actualmente ni cuántas desaparecieron después de una deportación.
Para los familiares, las estadísticas representan algo más que números. Cada expediente contiene una historia interrumpida y una búsqueda que puede prolongarse durante años.

Deportados a México, pero nunca regresaron a Honduras
Uno de los aspectos más inquietantes del caso es que Jordín y Héctor desaparecieron después de ser deportados por Estados Unidos.
La hondureña Ana Enamorado, fundadora de la Red Regional de Familias Migrantes, cuestiona estas expulsiones hacia zonas fronterizas mexicanas donde existe presencia del crimen organizado.
Enamorado sostiene que esa práctica puede exponer a los migrantes a nuevas situaciones de vulnerabilidad, especialmente cuando carecen de recursos, documentos o redes de apoyo.
La activista también documenta denuncias relacionadas con trata de personas, explotación laboral y trabajo forzado entre migrantes desaparecidos.
Estas denuncias muestran posibles riesgos, aunque no permiten establecer qué ocurrió específicamente con Jordín y Héctor.
La situación plantea una interrogante sobre los mecanismos de protección y seguimiento de las personas deportadas a terceros países, particularmente cuando después se pierde todo contacto con ellas.
La búsqueda que tampoco obtiene respuestas oficiales
El problema no termina con las dificultades para localizar a los desaparecidos, es la falta de apoyo de las instituciones de México y Honduras.
La falta de respuesta pone en aprietos a las familias hondureñas y les genera incertidumbre, así como gastos de viaje, alojamiento y trámites necesarios para continuar las búsquedas.
Marina, por ejemplo, debe solicitar una visa para ingresar a México, reunir dinero para los boletos y el hospedaje, y separarse temporalmente de su familia en Honduras.
Cada viaje representa un sacrificio económico y emocional, sin garantías de encontrar una respuesta.

Después de seis años, una familia logró reencontrarse
No todas las búsquedas terminan sin noticias, a principios de octubre de 2026, la Red Regional de Familias Migrantes consiguió reunir con su familia en Honduras a un migrante que llevaba seis años desaparecido en Sonora.
El caso demuestra que una desaparición prolongada no significa necesariamente que la persona haya fallecido.
No obstante, la información difundida no establece las circunstancias en que fue localizado ni qué ocurrió durante los años en que permaneció desaparecido.
Para otras familias, ese reencuentro representa una razón para continuar buscando, incluso cuando el paso del tiempo reduce las posibilidades de obtener información.
Una casa donde todo espera por Jordín
En Honduras, Marina, una de las madres hondureñas conserva las pertenencias del joven al que crió como hijo.
Su ropa permanece en casa. También su motocicleta y el televisor donde disfrutaba viendo partidos de fútbol.
Son objetos cotidianos que adquirieron otro significado desde aquella madrugada de marzo de 2021, cuando Jordín envió su último mensaje desde México.
Mientras las autoridades no esclarezcan su paradero, Marina seguirá reuniendo dinero, preparando documentos y emprendiendo viajes hacia el lugar donde desapareció.
Su historia refleja la situación de familias hondureñas que, además de soportar la ausencia de sus seres queridos, deben asumir parte de la búsqueda fuera de su propio país.
Jordín salió de Honduras para construir una casa y asegurar su futuro. Más de cinco años después, la casa que dejó atrás sigue guardando sus cosas, mientras Marina busca una respuesta que todavía no llega.
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