La comunidad evangélica de Colombia y el mundo está conmocionada tras el asesinato del pastor Marlon Yamith Lora Becerra, su esposa Yorlay Rincón, y sus hijos Ángela Natalia y Santiago.
El crimen ocurrió en un restaurante en la comunidad de Aguachica, César, Colombia, apenas horas después de que la familia liderara un culto lleno de reflexiones y mensajes de esperanza para el nuevo año.
Durante el servicio, que fue transmitido en vivo a través de las redes sociales de la iglesia, el pastor Marlon y su familia dieron gracias a Dios y reiteraron que "todo está en sus manos".
Su esposa Yorlay también compartió un mensaje emotivo, destacando la importancia de mantener la humildad y la fe.
Por su parte, Ángela Natalia, una joven de 22 años con gran actividad en redes sociales, instó a los fieles a buscar una relación más profunda con Dios, reflexionando sobre lo eterno y el propósito de la vida.
Investigación del asesinato
Según las autoridades, la masacre podría estar relacionada con extorsiones por parte del Clan del Golfo, un grupo criminal que opera en la región.
La familia Lora era conocida por su liderazgo en la comunidad religiosa y su rechazo a prácticas ilícitas, lo que podría haberlos convertido en blanco de amenazas.

El presidente colombiano Gustavo Petro se pronunció sobre el caso, solicitando a las autoridades acelerar las investigaciones y capturar a los responsables.
Además, el gobierno local ofreció una recompensa de 50 millones de pesos (Unos 11,300 dólares) por información que permita esclarecer el crimen.
Impacto en la comunidad religiosa
La tragedia ha dejado un profundo vacío en la iglesia que lideraba el pastor Marlon.
La congregación tenía previsto realizar una 'Velada con el Señor' el 31 de diciembre, una actividad especial de música y oración, pero los planes fueron cancelados tras el ataque.
El pastor había anunciado que las actividades de la iglesia se reanudarían el 12 de enero, pero la incertidumbre ahora envuelve el futuro de la congregación.

Los habitantes de Aguachica exigen justicia y mayor seguridad en la región.
Mientras tanto, la comunidad cristiana recuerda con dolor los mensajes de fe y esperanza que la familia compartió en su último servicio. Mensajes que, aunque pronunciados en vida, ahora resuenan como un legado espiritual en medio de la tragedia.
