Desde una taza de mate compartida en la Plaza de San Pedro hasta una ordenación sacerdotal inolvidable, el padre Javier Klajner revive su historia con el papa Francisco y confiesa que la noticia de su muerte lo dejó en shock:
“Me vi como un hijo… era un padre y lloré, como todos, cuando nos toca el corazón”, dice Klajner.
El día que se rompió el silencio pascual
En Buenos Aires, Javier Klajner, sacerdote y párroco, relató que la mañana del lunes 21 de abril, su celular rompió el silencio: “Ping, ping”.
Al mirar la pantalla, no quiso creerlo. Francisco, el papa argentino, su padre espiritual, había muerto.
“Lo vimos el jueves yendo a la cárcel, aunque ya no podía hacer el lavatorio de pies como antes. Ayer mismo nos bendijo… No caía en cuenta”, recuerda con voz entrecortada.
Cuando la realidad lo golpeó, hizo lo que tantos: lloró. “Lloré como todos, cuando nos toca el corazón”.
Un vínculo que nació en el seminario
Klajner conoció a Jorge Mario Bergoglio cuando aún era seminarista. Fue en 1994. “En febrero del 98 pasó a ser nuestro arzobispo y él me ordenó sacerdote. Tenía una memoria y una empatía excepcionales”.
Desde entonces, su camino se entrelazó con el del futuro pontífice. Lo acompañó en la pastoral juvenil de Buenos Aires y, en 2013, cuando Benedicto XVI renunció, Klajner le dijo a Bergoglio: “Padre, no habrá encuentro”. Bergoglio respondió: “A la vuelta lo hablamos, me voy a Roma”.
Pero Bergoglio no volvió, lo eligieron papa. "En enero del año siguiente, ya como Francisco, pude verlo de nuevo" relata.

Un mate en la Plaza San Pedro
En 2014, Klajner viajó a Roma. Llevaba algo especial: un mate argentino. En medio de la seguridad vaticana y la lluvia helada de enero, logró alcanzárselo.
“Los guardias se alarmaron, pero al ver que era yerba y termo, entendieron”, recordó el sacerdote.
Francisco sonrió y compartió el mate. Al día siguiente concelebraron misa en Santa Marta. Era más que un gesto: era una conexión entre padre e hijo espiritual.
“No balconeen la vida”
Para el padre Klajner, el legado de Francisco es inmenso. “Nos invitó a hacer lío, a no conformarnos, a vivir con profundidad”, asegura.
Frases como “no balconeen la vida”, “cuando no podés manejar las cosas, ahí actúa el Espíritu Santo”, o “intenten, insistan, no se desanimen” siguen resonando en su alma.
“En sus frases, en sus ‘bergoglismos’, él dejó algo más profundo: una teología del pueblo, una invitación constante a involucrarse”, dice Klajner.
El padre de los huérfanos de la fe
Klajner no tiene dudas: “La humanidad huérfana tuvo en Francisco un padre”. Su mensaje de misericordia para los pobres, marginados, los sufrientes y las personas LGBTQ+ fue, según él, profundamente cristiano.
“No era una postura superficial, era el Evangelio en acción”. Y añade: “Celebramos Pascua, y aunque el dolor esté, también está la esperanza. No se sufre si no se amó. Por eso lloramos”.
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El adiós que no termina
El Papa Francisco dijo alguna vez: “Uno tiene que prepararse. Le prometí a la Virgen, ya está el lugar preparado. Me enterrarán en Santa María Mayor”. Ahora, sus palabras toman otro peso.
Cada vez que viajaba, cuenta Klajner, el papa pedía oraciones por el viaje… y luego agradecía por él. “Hoy le agradezco por su viaje eterno. Y aunque lo extrañamos, los que tenemos fe celebramos su Pascua eterna”.
Javier Klajner no perdió solo al pontífice. Perdió a un padre. Aquel que lo ordenó, lo escuchó, lo bendijo y lo acompañó.
“Me vi como un hijo. Y lloré”, repite. Y en su voz, como en la de millones, aún resuena la ternura de un papa que no gobernó desde el balcón, sino desde el corazón.
