La muerte de 91 ballenas grises en el Pacífico mexicano durante este 2025 ha encendido las alarmas entre científicos y defensores del medioambiente, quienes advierten que esta cifra supera incluso los niveles registrados en 2020, cuando murieron 88 ejemplares.
El fenómeno, que comenzó a observarse desde 2019, fue declarado oficialmente como un "Evento de Mortalidad Inusual” por investigadores de México, Canadá y Estados Unidos.

Aunque se pensó que estaba en declive, el repunte de este año obliga a reconsiderar su vigencia.
Ballenas débiles, delgadas y sin crías
De acuerdo con el doctor Jorge Urban Ramírez, director del Programa de Investigación de Mamíferos Marinos (Primma) de la Universidad Autónoma de Baja California Sur, la causa principal está vinculada al cambio climático, que ha alterado drásticamente la disponibilidad de alimento en sus zonas de alimentación del norte.
Desde 2018, se ha observado una pérdida significativa de peso en los ejemplares. “Las ballenas están llegando más flacas, débiles y vulnerables”, indicó Urban, quien explicó que la falta de alimento no solo incrementa su mortalidad, sino que también reduce su capacidad reproductiva.
En 2025, solo se han registrado 69 nacimientos, el número más bajo desde que se tiene registro. Las hembras, aun habiendo logrado aparearse, no tienen la energía suficiente para sostener el embarazo.
¿Qué está provocando esta crisis?
- Cambio en las rutas migratorias: La búsqueda de alimento ha desplazado a las ballenas hacia zonas no habituales, lo que genera mayor desgaste
- Inanición: La falta de alimento provoca una debilidad extrema que deriva en muerte
- Enfermedades y colisiones: Al llegar en malas condiciones, las ballenas son más propensas a infecciones, accidentes y depredadores como las orcas
- Fenómeno de La Niña: Ha extendido su migración a más de 10,000 kilómetros desde el estrecho de Bering hasta México.
El derretimiento del hielo marino, resultado directo del calentamiento global, ha reducido la cantidad de algas que alimentan a los crustáceos de los que dependen las ballenas, como los anfípodos.
Cadáveres en nuevas zonas
Aunque la mayoría de los ejemplares muertos siguen apareciendo en la Laguna Ojo de Liebre, este año se han registrado varamientos más al sur, incluyendo Bahía Magdalena, Guaymas, Mazatlán, Loreto y La Paz, lo que sugiere alteraciones graves en sus rutas migratorias tradicionales.
Además, Urban Ramírez advierte que muchas ballenas mueren en alta mar y sus cuerpos no llegan a las costas, lo que significa que el número real podría ser mucho mayor.
De "protegida" a "amenazada"
En 2016, se estimaba una población de 24,000 ballenas grises. Para 2022, esa cifra descendió a cerca de 14,000, lo que representa una reducción de más del 30 % en apenas seis años.
Aunque la especie no está en peligro de extinción debido a su resistencia natural, Urban pidió al gobierno mexicano elevar su estatus en la Norma Oficial Mexicana 059, pasando de “protección especial” a “amenazada”.
“Cada 15 años se registra un episodio como este, pero el cambio climático está acelerando todo. El gobierno debe actuar antes de que esta resiliencia se agote”, concluyó el investigador.
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