Eduar un migrante hondureño, salió de Honduras con la esperanza que empuja a miles de jóvenes a migrar. El último dato certero sitúa su paso al ingresar a México.

Iba acompañado de dos amigos, quienes hoy están a salvo y en contacto con sus parientes. Desde ese punto, la historia de Eduar se volvió una espera interminable.

Desde el momento en que cruzó a territorio mexicano, Eduar Josué Bautista Jiménez dejó de comunicarse con su familia.

No hay registros posteriores, llamadas ni mensajes que permitan ubicarlo. Sus dos acompañantes continuaron el trayecto y lograron contactar a sus parientes, pero el rastro de Eduar se perdió en ese mismo punto, lo que activó la alerta de sus familiares, quienes ahora piden ayuda pública para dar con su paradero.

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La familia del migrante hondureño en vilo

En casa, el tiempo se mide en horas sin respuesta. La familia describe días de ansiedad, noches sin sueño y una sola certeza: no dejarán de buscarlo.

Su llamado no es solo un ruego; es una invitación a la solidaridad, a compartir, a preguntar, a no mirar hacia otro lado.

“Pedimos a las autoridades que nos apoyen con cualquier información que permita dar con su paradero”, expresó uno de sus familiares.

Migrar no debería significar desaparecer

La ruta migratoria está llena de riesgos: trayectos largos, documentos ausentes, territorios desconocidos.

En ese camino, demasiados nombres se pierden. El de Eduar hoy necesita ser pronunciado, repetido y difundido para que no se sume a la lista de ausencias.

Según los registros de los Comités de Familiares de personas migrantes desaparecidasde Honduras, a febrero 2025 sus bases de datos sumaban 887 migrantes desaparecidos en la ruta migratoria.

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La búsqueda

Mientras las horas avanzan sin respuestas, la familia de Eduar se aferra a la solidaridad como única certeza.

Compartir su nombre y no ignorar el llamado puede abrir una puerta en medio del silencio.

La falta de una respuesta eficaz y la inexistencia de políticas regionales coordinadas agravan la situación, dejando a miles de migrantes atrapados en un ciclo de violencia y deshumanización.

Para esta familia, encontrar a Eduar no es una estadística ni una agenda pendiente: es volver a respirar.