Las pandillas que operaban en El Salvador realizaban rituales satánicos y rendían culto a Satanás como parte de su estructura criminal, afirmó el presidente Nayib Bukele, durante su intervención en el Desayuno Nacional de Oración en Estados Unidos.

“Mucha gente no sabe que nuestro enemigo no era solo sangre y sangre, sino que era espiritual también”, declaró Bukele.

En su discurso agregó: “Las pandillas no solo asesinaron, extorsionaron, también adoraban a Satanás. Literalmente”.

El mandatario aseguró que, durante los allanamientos, las autoridades encontraron altares utilizados para rituales. “Cuando fuimos a sus casas para arrestarlos, descubrimos altares que habían usado para rituales satánicos. Esto está bien documentado. Pusimos las imágenes, los videos, de inmediato”, afirmó.

Bukele añadió que “sabemos que las pandillas en El Salvador eran satánicas y adoraban a Satanás, y algunas de esas pandillas están aquí, en Estados Unidos”.

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Régimen de excepción y ofensiva contra pandillas

Desde marzo de 2022, El Salvador permanece bajo un régimen de excepción que ha sido prorrogado de forma consecutiva por la Asamblea Legislativa; la última extensión fue aprobada en febrero de 2026. La medida suspende ciertas garantías constitucionales con el objetivo de facilitar la captura de presuntos miembros de pandillas, principalmente de la Mara Salvatrucha (MS-13) y de la Pandilla 18.

De acuerdo con la solicitud de ampliación enviada por el Ejecutivo, la estrategia ha permitido registrar “1.090 días sin homicidios durante el actual Gobierno y la captura de más de 90.600 personas vinculadas a estructuras criminales”.

Pandilleros realizaban rituales satánicos.
Desde marzo de 2022, El Salvador permanece bajo un régimen de excepción. Foto: Facebook Nayib Bukele

Contexto histórico e impacto social

Las pandillas comenzaron a consolidarse en El Salvador en la década de 1990, tras la deportación de miembros desde Estados Unidos al concluir la guerra civil. Entre las estructuras más grandes figuraban la MS-13 y la Mara Barrio 18, además de otros grupos más pequeños.

Para 2020, estimaciones señalaban la existencia de unos 60,000 pandilleros y cerca de 400,000 colaboradores. Estas estructuras ejercieron control territorial durante décadas, financiándose mediante homicidios, extorsiones, tráfico de drogas y otras actividades ilícitas. También influyeron en procesos políticos al limitar campañas en zonas bajo su dominio.

En 2015, El Salvador registró una tasa de 103 homicidios por cada 100.000 habitantes, una de las más altas del mundo en ese momento. Según datos oficiales, al cierre de 2025 el país reportó 82 homicidios en todo el año, con una tasa de 1,3 por cada 100.000 habitantes y más de 1.000 días acumulados con cero asesinatos desde 2019.

El Gobierno sostiene que la captura de más de 90.000 personas acusadas de terrorismo ha desarticulado el control territorial de las pandillas y reducido de forma drástica los delitos violentos.

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