El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo detuvo y expulsó de Nicaragua a un estudiante hondureño de Medicina Veterinaria originario de La Ceiba.
El joven permaneció arrestado durante una semana tras haber expresado opiniones críticas contra las autoridades de ese país.
La captura movilizó a la Secretaría de Relaciones Exteriores de Honduras, cuya sección consular, a cargo de la diplomática Flavia Zamora, debió interceder formalmente para lograr su liberación.

El universitario fue puesto en libertad y retornado a suelo hondureño en compañía de su madre.
Además del arresto y la posterior orden de abandono del territorio nicaragüense, la universidad donde cursaba sus estudios le aplicó la cancelación definitiva de matrícula.
Intervención consular y detención
La privación de libertad del hondureño inició el martes 18 de agosto, manteniéndose incomunicado hasta que la diplomacia catracha entabló comunicación con las autoridades de Managua.
Desde Cancillería se confirmó que el motivo del arresto fue la imputación de comentarios contra el gobierno nicaragüense.
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Las gestiones consulares concluyeron el lunes 24 de agosto con la entrega del joven a sus familiares. Las autoridades hondureñas enfatizaron la importancia de respetar los marcos normativos vigentes en el extranjero, aunque evitaron revelar la identidad del afectado.
Sanciones académicas sin expediente
El impacto para el estudiante no finalizó con su detención. La institución académica donde avanzaba en la carrera de Veterinaria procedió con la expulsión inmediata, privándolo de continuar sus estudios superiores dentro de la nación vecina.
La falta de una resolución escrita dejó al universitario sin respaldo formal de su récord ni de las causales exactas de la sanción. Esta medida administrativa precedió a la advertencia directa de que debía abandonar el país a la brevedad.

Cuestionamientos y diplomacia regional
El acontecimiento evidencia el rigor con el que la administración de Ortega castiga las opiniones de extranjeros en asuntos internos.
La legislación nicaragüense contempla desde expulsiones inmediatas hasta la revocación de ciudadanía bajo acusaciones de atentar contra la soberanía.
A pesar de los roces por incidentes de este tipo, la relación diplomática entre Tegucigalpa y Managua mantiene sus canales oficiales abiertos.
Ambos países continúan sus vínculos bilaterales bajo la representación del embajador Francisco Zepeda Andino.
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