“No da tiempo de correr”, dice angustiada Sarah Picovsky, una hondureña que vive en Israel y que, como miles de personas, sobrevive al estruendo de las sirenas que anuncian misiles, a la angustia del refugio, y a la espera del próximo ataque.
Desde Jerusalén, donde está con toda su familia, la hondureña cuenta a tunota.com cómo es vivir con el corazón en vilo. Desde su ciudad, la mujer relata el día a día bajo amenaza constante.
Las alarmas no cesan, el miedo se siente en la piel, y cada noche es una apuesta por despertar al día siguiente.
“Estamos a la espera de la quinta escalada de ataques de Irán. Es tenso”, señala, mientras está atenta a los mensajes de advertencia que envían para que se protejan.
Su último mensaje hiela la sangre: "Ahorita acaban de enviar un mensaje que vayamos a los refugios".
El eco de la guerra: “Arde Teherán”
El relato de Picovsky contrasta con la frialdad estratégica del ministro de Defensa israelí, Israel Katz, quien esta mañana escribió en su cuenta de X: “Arde Teherán”, tras confirmar un bombardeo de la aviación israelí sobre un depósito de petróleo en la capital iraní.
Ese mensaje cerró con fuerza la advertencia previa del propio Katz: "Si Jamenei continúa disparando misiles contra el frente interno israelí, Teherán arderá". Y eso es lo que ya ocurre.
Las cifras de la destrucción
Según la agencia EFE, las Fuerzas Armadas israelíes confirmaron un ataque aéreo sobre objetivos militares en Teherán mientras intentaban repeler una nueva oleada de misiles lanzados desde Irán.
En suelo iraní, los ataques ya dejan al menos 90 personas muertas, incluidos 31 en la provincia de Azerbaiyán Oriental, y decenas de heridos.
Israel, por su parte, enfoca su ofensiva en destruir sistemas de defensa aérea, misiles balísticos, almacenes estratégicos y figuras clave del régimen, entre ellos científicos nucleares y altos mandos de la Guardia Revolucionaria.

Civiles en el limbo del fuego cruzado
En medio de esta guerra sin cuartel, Picovsky y miles de civiles enfrentan una realidad que no eligieron: la vida entre sirenas, alarmas y refugios.
“Cada vez que escucho una alerta, corro. A veces pienso si será la última vez”, comparte entre lágrimas contenidas.
Las alarmas se intensificaron este sábado en Haifa, la tercera ciudad más importante de Israel, donde se concentran centrales energéticas clave para el país.
Las Fuerzas del Aire israelíes no cesan sus operaciones y la posibilidad de una guerra total parece más cercana que nunca, según información de EFE.
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Bajo el cielo más hostil
Para Picovsky y muchos como ella, el conflicto no es solo geopolítica, sino sobrevivencia diaria.
Las declaraciones, los bombardeos, las amenazas, todo ocurre mientras ellos siguen viviendo o intentan hacerlo entre los escombros de la incertidumbre.
“Es duro, pero seguimos. No hay otra opción”, dicen y se aferran a la esperanza de que el próximo misil no lleve su nombre.
