El sueño americano volvió a teñirse de miedo para tres hondureños que atravesaban México buscando llegar a Estados Unidos. Esta vez, la ruta migratoria se convirtió en un corredor de secuestro, golpes y amenazas en los límites entre Tabasco y Veracruz, una zona señalada desde hace años por el acecho del crimen organizado contra personas en tránsito.

Uno de los sobrevivientes, Santos Vidal, de 32 años y originario de Morazán, Yoro, Honduras, logró recuperar su libertad luego de que su familia reuniera cerca de seis mil dólares para pagar su rescate.

Los otros dos compatriotas que viajaban con él continúan desaparecidos y las autoridades los buscan.

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Hondureños y un viaje que terminó en manos de hombres armados

Santos salió de Honduras hace apenas ocho días. Cruzó hacia México por Tenosique, Tabasco, una de las rutas más utilizadas por migrantes centroamericanos que intentan avanzar hacia el norte utilizando caminos clandestinos, autobuses o las vías del tren.

Pero el trayecto se quebró cuando él y sus compañeros llegaron a la franja limítrofe entre Tabasco y Las Choapas, Veracruz.

Ahí, según relató, fueron interceptados por al menos ocho hombres armados. El grupo los privó de libertad.

Desde ese momento comenzaron las grabaciones, amenazas y presión económica sobre las familias.

Santos aseguró que los secuestradores enviaron videos a sus familiares donde aparecía con armas apuntándole directamente a la cabeza.

El mensaje era claro: si no pagaban, podían matarlo. Sus familiares buscaron desesperadamente reunir dinero en Honduras, el migrante permanecía retenido y golpeado.

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El hondureño al momento de su rescate por autoridades mexicanas. Foto: cortesía.

El rescate que compró la libertad

Después de horas de negociaciones, la familia logró reunir aproximadamente seis mil dólares.

El pago permitió que Santos fuera liberado, aunque salió del cautiverio con visibles lesiones y apenas podía caminar.

Según su relato, los propios captores lo trasladaron en lancha por un río y lo abandonaron cerca de la colonia San José, en Las Choapas.

Desde ahí caminó como pudo hasta la colonia Tancochapa, donde una familia lo encontró en mal estado físico.

Le dieron agua, comida y ropa mientras el hondureño se quejaba de fuertes dolores en las costillas y otras partes del cuerpo.

Santos Vidal
Santos Vidal aseguró que los captores enviaron videos a sus familiares en los que aparecía amenazado con dos armas de fuego apuntándole a la cabeza, con el fin de presionarlos para reunir el dinero solicitado. Foto: cortesía.

Los otros dos hondureños siguen desaparecidos

La angustia ahora se concentra en el destino de los otros dos migrantes que permanecían secuestrados junto a Santos Vidal.

Hasta el momento no existe información oficial sobre su paradero. El caso pone bajo la lupa los riesgos extremos que enfrentan miles de hondureños en la ruta migratoria hacia Estados Unidos.

Especialmente en estados mexicanos donde operan redes criminales dedicadas al secuestro, extorsión y trata de personas.

Para muchos migrantes, cruzar México ya no solo significa esquivar retenes, hambre o largas caminatas.

También implica atravesar territorios donde los cuerpos humanos se convierten en mercancía y las familias terminan hipotecando lo poco que tienen para salvar la vida de un ser querido.

La historia de Santos Vidal no terminó al recuperar su libertad. Apenas sobrevivió a uno de los tramos más oscuros de una ruta donde cientos de migrantes desaparecen cada año sin dejar rastro.

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