En el mapa que Pedro Pablo Guzmán Uzma, alias “Pelo Mono”, manejaba para sacar cargamentos del Clan del Golfo desde Colombia hacia el norte, Honduras tenía una función concreta: servir como base en Centroamérica.
Mar y aire formaron parte de la logística que, según las investigaciones, coordinó uno de los hombres señalados de supervisar la salida de droga desde el Urabá antioqueño y chocoano.
Los cargamentos tenían como destino final principalmente Estados Unidos. Antes debían recorrer una cadena de rutas en la que Centroamérica ocupó una posición estratégica.
Y dentro de ese recorrido aparecía Honduras, esas operaciones contrastaron con la imagen que “Pelo Mono” proyectó públicamente: la de un empresario relacionado con grandes espectáculos musicales.
Mientras los reflectores apuntaban hacia conciertos y viajes internacionales, las autoridades seguían otra faceta: la del presunto financiero y coordinador de rutas de una de las principales organizaciones criminales de Colombia.
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Honduras en las rutas de “Pelo Mono”
La importancia de Honduras no estaba en ser el punto final del recorrido; según información disponible sobre “Pelo Mono” señala que controló rutas marítimas y aéreas hacia Centroamérica.
Para ello utilizó territorio hondureño como base dentro del desplazamiento de cargamentos hacia el norte.
Su función era supervisar la producción y los envíos que partían principalmente desde las regiones colombianas de Urabá, en Antioquia, y Chocó.
Desde allí comenzó un recorrido que debía acercar la droga progresivamente hacia Estados Unidos.
Esa función coloca a Honduras en un punto diferente de la cadena: como territorio de apoyo dentro de una operación transnacional que necesitó conectar las costas colombianas con Centroamérica para avanzar.

Del espectáculo a las rutas del Clan del Golfo
El personaje detrás de aquella estructura parecía moverse en un mundo completamente distinto. “Pelo Mono” poseía varias empresas que, según la Policía colombiana, usó como fachada.
Una de las principales se dedicó a financiar y producir grandes eventos musicales en el norte de Colombia.
Aquella actividad le permitía presentarse como organizador de espectáculos internacionales y realizar frecuentes viajes a Europa. Algunas de sus giras podían extenderse hasta dos meses.
Pero las autoridades sostenían que había otra razón detrás de parte de esos movimientos.
Según la investigación, durante sus estadías en el extranjero aprovechaba para coordinar envíos de grandes cargamentos de droga, lejos de la mirada inmediata de las autoridades colombianas.
Para entonces, sin embargo, la DEA ya seguía sus movimientos.
Yates, playas, conciertos y una investigación detrás
La vida pública de “Pelo Mono” se convirtió en una pista. La Policía colombiana describió un entorno marcado por fiestas en yates y playas, conciertos con artistas internacionales, vehículos de alta gama y joyas de elevado valor.
Las autoridades llevaban alrededor de siete meses siguiéndole el rastro después de una comunicación de la DEA que buscó establecer su ubicación y conseguir su captura.
Su relación con la cúpula del Clan del Golfo iba además más allá de los negocios que le atribuían las investigaciones.
Guzmán estaba casado con una hermana de Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias “Chiquito Malo”, identificado como uno de los principales líderes de esa organización criminal.
Ese vínculo lo convertía en concuño del jefe criminal, mientras las investigaciones le atribuían un papel financiero y logístico dentro de la estructura.

Una primera oportunidad que terminó en fuga
Las autoridades estuvieron cerca de capturarlo, en noviembre de 2023 recibieron información de que “Pelo Mono” se movilizaba junto con su familia en una camioneta por Turbo, Antioquia.
La Policía instaló un control y ordenó detener el vehículo, pero Guzmán aceleró, atravesó las barreras de seguridad y consiguió escapar utilizando las diferentes salidas que conectaban aquella zona con sectores rurales.
La fuga no provocó que abandonara Antioquia y continuó moviéndose por la región hasta que una de las actividades lo colocó nuevamente frente a los investigadores.
El concierto donde terminó la persecución
Durante las fiestas populares del Coco, en Necoclí, “Pelo Mono” pagó 25 millones de pesos colombianos por un palco en el estadio de béisbol.
Hasta allí llegaron investigadores colombianos y agentes de la DEA y esta vez no escapó.
Lo detuvieron en las afueras del estadio mientras asistía a un concierto. La persecución que durante meses mantuvieron las autoridades había terminado.
Posteriormente, fue trasladado a Bogotá para iniciar el procedimiento de extradición solicitado por Estados Unidos.
La Corte del Distrito Este de Texas lo reclamó por acusaciones relacionadas con tráfico de drogas y conspiración para distribuir sustancias ilícitas.
Finalmente, Pedro Pablo Guzmán Uzma fue extraditado a Estados Unidos a inicios de 2025.
Así terminó el narco, pero para Honduras quedó otra parte de su historia: el papel que ocupó el país dentro de sus rutas.
Cuando “Pelo Mono” trazó el camino de la droga hacia Estados Unidos, Honduras no era el destino: figuraba como una base hacia el norte.
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