Los pesqueros abandonan el puerto sin cocaína, llevan documentación aparentemente en regla y su navegación puede confundirse con una jornada más de trabajo en el océano.

Pero kilómetros mar adentro cambia la operación y el barco se dirige hacia coordenadas previamente establecidas.

Desde otro punto, una lancha rápida o un semisumergible avanza con la carga y ambos deben encontrarse lejos de la costa.

Es allí, en medio del Atlántico, donde la cocaína cambia de embarcación.

El mecanismo forma parte de una logística documentada por el Centro Internacional de Investigación y Análisis Contra el Narcotráfico Marítimo (CMCON), que estudió el uso de pesqueros en el corredor atlántico entre 2022 y 2026.

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Pesqueros, cocaína y dos maneras de entrar al Atlántico

El estudio identifica dos patrones principales: en el primero, los pesqueros parten desde Sudamérica con la cocaína a bordo y realizan largas travesías por el Atlántico.

El segundo busca reducir la exposición desde el comienzo: la embarcación sale sin cargamento ilícito y lo recibe posteriormente en alta mar.

Esto permite que una sola operación sea dividida entre diferentes embarcaciones. Unas transportan la droga desde puntos de salida; otras esperan o navegan hasta lugares previamente establecidos para recibirla y continuar el recorrido.

Los pesqueros

Una cita en medio del océano

La distancia de los puertos es precisamente parte del mecanismo. Según el informe, algunas embarcaciones navegan hasta coordenadas predeterminadas en aguas internacionales.

Mientras tanto, lanchas rápidas o semisumergibles pueden partir desde puntos clandestinos de la costa sudamericana con la cocaína.

Cuando ambas embarcaciones coinciden, comienza el transbordo y los fardos pasan de una plataforma a otra sin necesidad de realizar la transferencia en un puerto.

El océano deja entonces de funcionar únicamente como vía de paso. Se convierte en parte de la infraestructura de la operación.

La cocaína también puede esperar en el agua

El modus operandi tiene otras variantes. El estudio recoge evidencias de cargamentos arrojados al mar y de cargas balizadas, un mecanismo que permite dejarlas localizables para recuperarlas posteriormente.

También menciona lanchas encontradas sin cocaína, pero abastecidas con grandes cantidades de combustible.

Las preparan para apoyar a otras embarcaciones durante operaciones prolongadas, así, no todos los barcos o pesqueros involucrados tienen necesariamente que transportar droga durante toda la operación.

Unos llevan cocaína, otros pueden recogerla, abastecer combustible o completar otro tramo de la logística.

ocultan la droga

El escondite viaja dentro del pesquero

Una vez realizado el encuentro, comienza otro desafío: ocultar el cargamento. El CMCON señala que los fardos pueden ser introducidos en fondos falsos, tanques de combustible sellados, compartimentos estructurales o depósitos de pescado modificados.

Después del transbordo, los pesqueros continúan navegando, procurando mantener la apariencia de una actividad regular.

Precisamente esa apariencia es una de las ventajas de esta modalidad y los pesqueros tienen autonomía para permanecer días o semanas en el mar, desviarse de sus recorridos y operar en zonas alejadas.

Además, su actividad legítima dificulta distinguir durante una vigilancia rutinaria qué embarcación realmente pesca y cuál forma parte de una operación de narcotráfico.

62 toneladas muestran el tamaño de la operación

No se trata de movimientos pequeños, el CMCON contabilizó 26 eventos de narcotráfico marítimo con embarcaciones pesqueras entre 2022 y el 15 de julio de 2026.

Los decomisos registrados en esos casos sumaron 62,562 kilos de cocaína y los cargamentos oscilaron desde cientos de kilos hasta más de siete toneladas.

Para los investigadores, semejante volumen resulta incompatible con pequeños traficantes y apunta a inversiones logísticas planificadas por grandes organizaciones criminales.

interdicción
Recientemente fuerzas policiales y militares de Honduras realizaron la interdicción marítima a una embarcación sospechosa, la cual se encontraba a dos (2) millas náuticas de la costa entre las comunidades de Claura y Paplaya en el departamento de Gracias a Dios. Foto: Fuerzas Armadas.

No existe una sola ruta

Otra característica dificulta seguir el cargamento: no hay un único camino por el Atlántico.

El análisis identifica movimientos desde el litoral norte de Sudamérica y el nordeste de Brasil, además de operaciones que atraviesan grandes extensiones oceánicas.

Las organizaciones pueden cambiar embarcaciones, fragmentar recorridos y trasladar la cocaína entre diferentes plataformas.

Por eso, una de las conclusiones centrales del estudio es que el Atlántico debe observarse como un entorno operacional integrado.

El negocio ya no depende únicamente de encontrar una ruta que permita llevar un cargamento de un punto a otro.

Depende de combinar pesqueros, lanchas, semisumergibles, transbordos y distintos corredores oceánicos.

Detrás de un pesquero que parece navegar solo puede existir una cadena mucho más grande.

La cocaína puede haber comenzado el recorrido en otra embarcación, cambiar de manos lejos de tierra y desaparecer nuevamente dentro de un compartimento oculto.

En esta ruta, el Atlántico no es solamente el camino: también es el punto de encuentro.

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