Hedar Leonel Turcios Juárez viste el uniforme del Ejército de Estados Unidos, estuvo desplegado durante nueve meses en Oriente Medio y asegura que su familia hizo lo que estaba en sus manos para evitar la deportación de su esposa hondureña.
Nada de eso evitó que Cristy Maryori Villafranca Trejo fuera deportada a Honduras el 24 de agosto de 2026.
Ahora, el sargento en activo utiliza una palabra especialmente dura para describir cómo se siente frente al país al que sirve: “traicionado”.
“Es algo injusto porque hicimos todo lo legal para solucionar esto y es tratada como si fuera una criminal. Siento impotencia, me siento traicionado de estar pasando por esto”, expresó Turcios a la cadena Telemundo.
La deportación de la hondureña separó a una familia que, según el militar, llevaba tiempo intentando evitar precisamente ese desenlace.
Turcios asegura que conocieron la existencia de la orden de deportación en 2024 y desde entonces buscaron alternativas legales para resolver el caso.
Para él, lo más difícil de aceptar es que el proceso terminó con su esposa en Honduras pese a los trámites que iniciaron y mientras él continúa sirviendo en las Fuerzas Armadas estadounidenses.
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La orden de deportación existía desde 2017
Cristy, hondureña y madre de dos hijos, llegó a Estados Unidos en 2016. Un juez de inmigración emitió contra ella una orden de deportación en 2017 después de que no compareció a una audiencia migratoria.
Su esposo sostiene que ella nunca recibió la notificación de aquella audiencia y la familia posteriormente intentó reabrir el caso para regularizar su situación migratoria.
La moción para reabrir el expediente se rechazó en mayo de 2026, pero permanecía pendiente una apelación ante la Junta de Apelaciones de Inmigración.
Cristy también esperó una resolución sobre una solicitud de Military Parole in Place, mecanismo migratorio disponible para determinados familiares inmediatos de miembros de las Fuerzas Armadas.
Sin embargo, los trámites pendientes no suspendieron la ejecución de la orden que pesó sobre ella.
Para Turcios, allí está el punto que alimenta su frustración: sostiene que su familia no ignoró el problema, sino que intentó enfrentarlo y usó los mecanismos legales disponibles.

Una niña de seis años vio cómo se llevaron a su madre
La escena que cambió la vida de la familia ocurrió el 11 de julio de 2026, cuando Cristy estuvo junto a su esposo y su hija después de salir de un supermercado en El Paso, Texas.
Fueron varios vehículos que les cerraron el paso y Turcios relató que alrededor de cinco agentes se identificaron como miembros del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y le comunicaron que tenían una orden para detener a su esposa.
La hija de ambos, de seis años, estaba dentro del vehículo y presenció cómo los agentes se llevaron a su madre.
Aquella escena convirtió un expediente migratorio en una separación familiar que comenzó frente a la niña.
Desde aquel día, el sargento tuvo que reorganizar su vida militar para hacerse cargo de la pequeña.
En lugar de acudir a sus entrenamientos durante las mañanas, comenzó a llevarla a primer grado y hasta tuvo que posponer una asignación prevista en otra base.
Cristy permaneció bajo custodia migratoria hasta que finalmente fue enviada a Honduras el 24 de agosto.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) confirmó la expulsión y sostuvo que la hondureña la removieron de Estados Unidos conforme a las leyes migratorias y que recibió el debido proceso.

“Me siento traicionado”: el reclamo del sargento
Turcios también nació en Honduras y llegó a Estados Unidos en 2014. Se incorporó al Ejército estadounidense y, después de un despliegue de nueve meses en Oriente Medio, obtuvo la ciudadanía estadounidense en 2024.
Mientras él estuvo en misión, contó, Cristy se hizo cargo de la familia.
“Ha sido una esposa que me apoyó desde el primer día que decidí unirme al Ejército. Estuve desplegado durante nueve meses. Ella cuidó de mi familia”, recordó el militar.
Por eso, para el sargento, la deportación no se reduce a un expediente migratorio. Cuestiona que a su esposa la trataron, según sus palabras, “como si fuera una criminal”, después de que la familia buscara una salida legal a su situación.
El sargento asegura que existen otras familias atravesando circunstancias similares y no comprende por qué, después de seguir los procedimientos establecidos, no tuvieron la oportunidad de mantener unida la suya.
La paradoja es difícil de ignorar: mientras Cristy está nuevamente en Honduras, su esposo continúa como sargento en activo del Ejército estadounidense.
El mismo hombre que estuvo durante nueve meses en Oriente Medio al servicio de Estados Unidos ahora dice sentirse impotente y “traicionado” porque no impidió que una orden migratoria separara a su esposa de su hogar.
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