El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a generar controversia este martes al negarse a explicar con precisión hasta dónde está dispuesto a llegar su Gobierno para adquirir Groenlandia, aunque dejó abierta la posibilidad de alcanzar algún tipo de acuerdo. Sus declaraciones se produjeron horas antes de viajar al Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza.

Consultado directamente por la prensa sobre el alcance de sus intenciones respecto a la isla, Trump se limitó a responder: “Se darán cuenta”. El mandatario agregó que su administración tiene “varias reuniones programadas sobre Groenlandia” y expresó confianza en que “las cosas van a salir muy bien”, sin ofrecer detalles adicionales sobre la naturaleza de esas conversaciones.

Las declaraciones del presidente estadounidense se dan en un contexto de creciente preocupación en Europa. Dinamarca, de la cual Groenlandia es un territorio autónomo, advirtió que la estabilidad de la OTAN podría verse afectada si Washington avanza con amenazas o presiones relacionadas con la isla.

Durante el fin de semana, Trump incluso amenazó con imponer nuevos aranceles a países europeos —entre ellos Reino Unido, Francia y Alemania— cuyos ejércitos participan en ejercicios militares en territorio groenlandés.

Pese a estas tensiones, Trump descartó que su postura ponga en riesgo el acuerdo comercial alcanzado en 2025 entre Estados Unidos y la Unión Europea. “Necesitan muchísimo el acuerdo con nosotros”, afirmó, restando importancia a las advertencias provenientes de Bruselas y otras capitales europeas.

Interés de Trump por Groenlandia

El mandatario insistió en que el interés de su país por Groenlandia responde a motivos de “seguridad nacional e incluso global”. Según Trump, Estados Unidos debe asegurar el control o influencia sobre la isla para evitar que otras potencias, como Rusia o China, intenten expandir su presencia estratégica en el Ártico.

Sin embargo, hasta ahora ni Moscú ni Pekín han manifestado oficialmente intención alguna de adquirir o controlar Groenlandia.

Desde Copenhague y Nuuk, la respuesta ha sido reiterada y contundente. Las autoridades groenlandesas y danesas han subrayado que la isla no está a la venta y que cualquier decisión sobre su futuro corresponde exclusivamente a sus habitantes.

El fin de semana, ciudadanos tanto en Groenlandia como en Dinamarca salieron a las calles para protestar contra las declaraciones del presidente estadounidense y rechazar cualquier intento de anexión o presión externa.

Trump, no obstante, minimizó la oposición local. “Cuando hable con ellos, estoy seguro de que estarán muy emocionados”, dijo al referirse a los líderes y habitantes de Groenlandia, una afirmación que generó nuevas críticas en sectores políticos y diplomáticos europeos.

Mientras tanto, el tema sigue escalando como un nuevo punto de fricción entre Estados Unidos y sus aliados tradicionales.

La falta de claridad sobre las verdaderas intenciones de Washington mantiene abiertas las interrogantes sobre el impacto que este pulso diplomático podría tener en la cooperación transatlántica, la seguridad regional y el equilibrio geopolítico en el Ártico.

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