La promesa de llegar a Estados Unidos terminó convertida en encierro, amenazas y llamadas de terror para varias familias hondureñas. Lo que comenzó como un viaje buscando escapar de la pobreza y construir una vida distinta acabó dentro de un hotel en Veracruz, México, donde un grupo de migrantes hondureños y ecuatorianos permanecieron retenidos mientras sus secuestradores negociaban su libertad como si fueran mercancía.
Dos años después, la justicia mexicana golpeó a los responsables. La Fiscalía General del Estado de Veracruz confirmó una sentencia de 350 años de prisión contra Miguel “N” y Andrés “N”.
A ambos los hallaron culpables del delito de secuestro agravado contra siete migrantes hondureños y ecuatorianos, entre ellos al menos tres menores de edad.
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Secuestro de migrantes hondureños en Veracruz
Las investigaciones apuntan que los hechos ocurrieron el 17 de junio de 2023 en Poza Rica, al norte de Veracruz.
Según la Fiscalía Regional de Tuxpan, los ahora sentenciados privaron de libertad a las víctimas y luego las trasladaron a un hotel, donde permanecieron retenidas mientras exigían fuertes sumas de dinero a sus familiares.
Las llamadas estaban cargadas de miedo. Los secuestradores amenazaban con entregar a los migrantes a un grupo criminal si no recibían el pago solicitado.
Para las familias, cada minuto significó incertidumbre, desesperación y la posibilidad de no volver a ver vivos a sus seres queridos.

La ruta migratoria donde el miedo manda
Para miles de hondureños, cruzar México era una travesía marcada por el riesgo. Muchos huían del desempleo, las deudas o la violencia, pero en el camino terminaron atrapados por redes criminales que encontraron en los migrantes un negocio rentable.
Secuestros, extorsiones y desapariciones forman parte de una realidad que pocas veces termina en condenas ejemplares.
Por eso, la sentencia de 350 años impuesta contra Miguel “N” y Andrés “N” no pasa desapercibida.
Representa uno de los pocos casos donde la justicia alcanzó a quienes convirtieron el sufrimiento migrante en una fuente de dinero.
Justicia para familias hondureñas
Detrás del expediente judicial hay familias hondureñas que vivieron días enteros contestando llamadas llenas de amenazas, buscando dinero desesperadamente y esperando noticias de sus hijos.
También hay menores de edad que quedaron atrapados en una pesadilla lejos de casa y que hoy respiran.
La condena no borra el miedo ni el trauma de quienes sobrevivieron al secuestro. Tampoco cambia el peligro que sigue dominando las rutas migratorias en México.
Pero sí deja algo poco frecuente en este tipo de historias: la sensación de que, por una vez, los responsables no lograron escapar.
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