El migrante nicaragüense Kenis López llevaba siete meses detenido en Estados Unidos cuando llegó el momento que más temía: subir a un avión sin conocer con certeza su destino.
Era el 28 de agosto de 2026 y en una pista del aeropuerto de Dallas, Texas, se resistía a abandonar el autobús que lo llevó hasta allí.
No quería subir, había escuchado que lo enviarían a África, un continente lejano donde no sabía qué le esperaba.
"No me voy a bajar. Prefiero morirme aquí que en un continente tan lejano", recordó López en una entrevista con BBC Mundo.
Su súplica, según su testimonio, no detuvo el procedimiento. Asegura que uno de los agentes que lo custodiaban le respondió con una amenaza.
"Si eso quieres, eso te va a pasar", recuerda que le dijeron.
Aquel viaje fue otro capítulo de las deportaciones de migrantes latinoamericanos a terceros países, lejos de sus lugares de origen.
La deportación de migrantes hacia África también alcanza a hondureños. Estados Unidos utiliza acuerdos con terceros países africanos para trasladar extranjeros expulsados de su territorio.
El caso tiene incluso un rostro hondureño: Brayan Omar Sánchez, deportado a República Centroafricana en julio de 2026.
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Un migrante siete meses detenido antes del vuelo
La historia de Kenis comenzó mucho antes de aquel encuentro en el aeropuerto. En enero, agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) lo detuvieron frente a su vivienda en Mineápolis, Minnesota.
Desde entonces permaneció bajo custodia federal durante siete meses, hasta que lo trasladaron a Dallas para abordar el vuelo de deportación.
Cuando finalmente entró al avión, cuenta que llevaba las manos y los pies atados. También tenía un casco colocado sobre la cabeza.
Pero antes de subir ocurrió un episodio que ahora forma parte de las denuncias que recogieron los medios estadounidenses.

La resistencia que terminó en una denuncia de violencia
Kenis asegura que, cuando se negó a abandonar el autobús, un agente de ICE ordenó dispararle con proyectiles de goma.
Su relato coincide con los testimonios de otros dos nicaragüenses y un cubano que se encontraban en el mismo vehículo.
Los migrantes denunciaron que los disparos se realizaron a aproximadamente un metro de distancia.
Para respaldar sus declaraciones, mostraron a BBC Mundo fotografías de las lesiones que atribuyen al incidente.
Las imágenes, tomadas dos días después, muestran hematomas circulares en un brazo y una marca en el pecho de otro de los afectados.
La periodista de BBC Mundo consultó a Rohini J. Haar, asesora médica de Physicians for Human Rights, quien examinó las fotografías.
La especialista consideró que las lesiones eran compatibles con impactos de proyectiles de baja letalidad.
Neil Corney, investigador de Omega Research Foundation especializado en armamento menos letal, coincidió con esa valoración.
El miedo de ser enviado a un país desconocido
Para Kenis, el temor no era solamente abandonar Estados Unidos. También lo era la incertidumbre sobre el lugar donde terminaría.
El nicaragüense sabía que sería enviado a África, pero, según contó, nadie le explicó claramente cuál sería su destino.
Esa incertidumbre forma parte del drama de los migrantes que son deportados a terceros países, territorios distintos de aquellos donde nacieron.
La distancia no es únicamente geográfica, implica enfrentarse a otro idioma, otras condiciones de vida y la ausencia de vínculos familiares o comunitarios.
Para una persona que acaba de pasar meses detenida, comenzar nuevamente en un lugar desconocido puede significar otra etapa de incertidumbre.

Cuando la deportación no significa regresar a casa
Habitualmente, la palabra deportación se asocia con el retorno de una persona migrante a su país de origen.
Sin embargo, los traslados a terceros países muestran una realidad distinta: migrantes expulsados de Estados Unidos que no necesariamente regresan a sus hogares.
La situación plantea interrogantes sobre las garantías de seguridad, las condiciones de recepción y las posibilidades de obtener asistencia legal.
También abre una cuestión fundamental: qué sucede con una persona cuando el país que la recibe no es aquel donde nació ni donde construyó su vida.
En la experiencia relatada por Kenis López, la incertidumbre comenzó antes de despegar, cuando todavía se encontraba dentro del autobús.
Un migrante frente a un destino que no eligió
La historia del nicaragüense pone un rostro a un procedimiento migratorio que suele explicarse mediante cifras, órdenes de expulsión y decisiones administrativas.
Detrás de esos términos aparece un hombre que pasó siete meses bajo custodia federal y terminó en un avión rumbo a otro continente.
Su denuncia sobre lo ocurrido en Dallas requiere una investigación que permita esclarecer las circunstancias y determinar responsabilidades.
El testimonio del migrante deja al descubierto una dimensión humana que no cabe en una estadística: el miedo de no saber dónde terminará la propia vida.
Para Kenis López, el viaje hacia África comenzó mucho antes de que el avión despegara. Comenzó cuando comprendió que ya no podía decidir adónde lo llevarían.
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