Hay un delito que coloca a Honduras entre los países con una situación más grave del mundo: no es el narcotráfico ni el tráfico de armas, sino la extorsión.

La extorsión en Honduras alcanzó 9 puntos sobre 10 en el Índice Global de Crimen Organizado 2025. Solo Somalia registra una calificación superior, con 9.5.

El país comparte esa segunda posición mundial con México, Colombia y Libia, naciones con realidades distintas, pero una puntuación equivalente en este mercado criminal.

El dato muestra otra dimensión al observar su evolución. Mientras el promedio mundial de extorsión disminuyó ligeramente entre 2023 y 2025, Honduras avanzó en dirección contraria.

La clasificación no significa que a nueve de cada diez hondureños los extorsionaron.

Se trata de una evaluación internacional sobre la presencia y gravedad del mercado criminal.

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Honduras empeoró en la extorsión mientras el promedio retrocedió

En 2023, Honduras obtuvo 8.5 puntos en extorsión y para 2025, la calificación aumentó a 9, acercándose al máximo de la escala internacional.

En cambio, el promedio mundial pasó de 4.02 a 3.92 puntos durante el mismo período, una reducción de una décima.

La diferencia revela que la extorsión en Honduras siguió agravándose según el índice, mientras el indicador global mostró una ligera mejoría.

El incremento de medio punto no equivale necesariamente a un aumento proporcional de víctimas o denuncias, pero sí refleja un deterioro en la evaluación del fenómeno.

El contraste coloca a Honduras en una posición particularmente preocupante, porque ya figuraba entre los países con puntuaciones elevadas antes de la nueva medición.

Puntuación

El cobro criminal que va más allá de las calles

La extorsión suele asociarse con comerciantes obligados a entregar dinero para mantener abiertos sus negocios o transportistas amenazados por estructuras criminales.

Sin embargo, el informe describe mecanismos que también utilizan transferencias bancarias, billeteras electrónicas y otros servicios financieros para recibir pagos exigidos mediante amenazas.

Estas modalidades permiten que determinadas operaciones se desarrollen sin contacto presencial entre quienes exigen el dinero y las personas sometidas a extorsión.

El documento también identifica prácticas de préstamos informales, conocidos como gota a gota, vinculadas en determinados contextos con intimidación y cobros coercitivos.

La extorsión en Honduras aparece así como un mercado criminal que combina métodos tradicionales de amenaza con herramientas financieras y tecnológicas.

Las cárceles también figuran entre los espacios desde los cuales se coordinan actividades extorsivas, lo que plantea desafíos adicionales para el control penitenciario.

El Estado frente al crimen organizado

El Índice Global de Crimen Organizado no solamente evalúa los mercados delictivos, también mide la resiliencia de los países frente a estas estructuras.

La resiliencia comprende factores como la respuesta institucional, el sistema judicial, la aplicación de la ley, la prevención y la protección de las víctimas.

Honduras obtuvo 3.92 puntos sobre 10 en este indicador durante 2025, con una reducción de 0.16 puntos respecto de la evaluación anterior.

La comparación deja dos movimientos opuestos: la puntuación de extorsión aumentó medio punto, mientras la capacidad de respuesta evaluada registró un retroceso.

Esto no demuestra que todas las medidas de seguridad hayan fracasado, pero evidencia las dificultades que enfrenta el país para contener las economías criminales.

Las organizaciones delictivas aprovechan debilidades institucionales, mecanismos de corrupción y oportunidades para penetrar actividades económicas.

Centroamérica

La violencia no siempre muestra todo el poder criminal

El informe global advierte que algunas organizaciones criminales modifican sus estrategias para mantener sus negocios sin depender exclusivamente de la violencia visible.

Entre esos mecanismos aparecen la corrupción, el fraude y la infiltración de actividades económicas legales, prácticas que facilitan la continuidad de operaciones criminales.

No obstante, el documento también señala que en Centroamérica y Sudamérica la violencia asociada a la extorsión es un problema grave.

En Honduras, la dimensión del fenómeno no puede medirse únicamente por homicidios, capturas o enfrentamientos.

Los cobros impuestos mediante amenazas pueden afectar negocios, servicios y actividades económicas incluso cuando no desembocan en hechos de violencia física.

Por eso, una reducción de determinados delitos violentos no demostraría, por sí sola, que las estructuras dedicadas a la extorsión perdieron capacidad de operación.

Una posición mundial que expone el desafío hondureño

Somalia encabeza la clasificación de extorsión con 9.5 puntos. Honduras, México, Colombia y Libia aparecen inmediatamente después, con 9 puntos cada uno.

Aunque comparten calificación, esto no significa que tengan la misma cantidad de víctimas ni que sus organizaciones criminales funcionen de manera idéntica.

El índice permite comparar la presencia y gravedad del mercado extorsivo, pero no sustituye las estadísticas nacionales de denuncias o investigaciones judiciales.

Para Honduras, el resultado deja una advertencia adicional: la puntuación de extorsión empeoró al mismo tiempo que retrocedió la resiliencia institucional.

La extorsión en Honduras ya no puede observarse únicamente como un problema de barrios, negocios o rutas de transporte sometidas a amenazas.

La clasificación mundial expone la magnitud del desafío, mientras el promedio internacional bajó ligeramente,

Honduras se acercó al extremo de la escala y quedó únicamente por debajo de Somalia.

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