Una señal de alto, eso fue todo lo que hizo falta para que la vida que Erick Ruiz López había construido lejos de Honduras, durante más de una década en Houston, comenzara a desmoronarse.
El 17 de junio de 2026, policías de Houston detuvieron al hondureño por supuestamente no respetar una señal de alto.
Lo que parecía destinado a terminar como una parada de tráfico tomó otro rumbo: la infracción terminó, Erick sigue peleando su causa.
Según la demanda presentada contra el Departamento de Policía de Houston (HPD), los agentes continuaron reteniéndolo durante más de dos horas hasta que finalmente quedó en manos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE).
Después vino una cadena mucho más difícil de detener: custodia migratoria, unos diez días encerrado y, finalmente, un avión hacia Honduras.
El 27 de junio de 2026, a Erick lo deportaron. Ahora está de regreso en Honduras, pero la historia de aquella señal de alto regresó a Houston convertida en una demanda.
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Deportación a Honduras y dos horas bajo la lupa
El abogado de derechos civiles Randall Kallinen sostiene que el problema no está únicamente en que Erick terminara frente a ICE.
La discusión está en lo que ocurrió entre el momento en que terminó la parada de tráfico y aquel en que los agentes migratorios se hicieron cargo de él.
Según Kallinen, Erick permaneció bajo custodia policial durante más de dos horas después de concluir el motivo original por el que lo detuvieron.
La demanda alega que esa prolongación violó la protección de la Cuarta Enmienda de la Constitución estadounidense contra detenciones e incautaciones irrazonables.
Kallinen fundamenta que una parada de tránsito no puede extenderse más allá del tiempo necesario para atender la infracción sin una justificación legal adicional.
“Cuando el motivo de la detención termine, se acabó. Hay que dejarlos ir”, sostuvo el abogado.
Para la defensa de Erick, aquellas horas adicionales son precisamente el corazón del caso.

Tenía un proceso migratorio pendiente
Hay otro elemento que la familia y el abogado ponen sobre la mesa, Erick, según Kallinen, no tenía antecedentes penales y llevaba aproximadamente 10 u 11 años viviendo en Houston.
Además, tenía un caso migratorio pendiente cuando ocurrió la detención y nada de eso evitó que la parada del 17 de junio desembocara en su entrega a ICE.
Después de quedar en manos de agentes migratorios, a Erick lo trasladaron al Centro de Procesamiento de Montgomery, ubicado en Conroe, Texas.
Allí permaneció aproximadamente diez días y el siguiente destino ya no estaría en Texas, fue Honduras.
“Mi hermano no tiene antecedentes penales”
La deportación no cerró el caso para su familia, frente a la sede del Departamento de Policía de Houston, familiares de Erick y defensores comunitarios reclamaron cambios en las políticas de la ciudad.
Uno de sus familiares, quien habló en español y pidió mantener su identidad bajo reserva, resumió el desconcierto que dejó el episodio.
“Mi hermano no tiene antecedentes penales”, expresó. La familia asegura que jamás imaginó que una parada de tráfico rutinaria pudiera terminara en separación y deportación.
Ahora temen que lo ocurrido no sea exclusivo de su familia.

El hondureño pelea contra Houston
La demanda busca ahora determinar si la Policía de Houston cruzó una línea constitucional aquella tarde.
No discute únicamente una señal de alto ni la infracción que originó la parada, pone bajo escrutinio esas más de dos horas en las que, según el abogado, la razón policial para mantener detenido a Erick ya había terminado, pero él continuaba sin poder marcharse.
Para su familia, la consecuencia ya ocurrió y Erick pasó de conducir por Houston a permanecer bajo custodia de ICE y, diez días después, regresar deportado al país que dejó años atrás.
Una señal de alto inició la cadena y ahora, desde Honduras, Erick Ruiz López intenta que un tribunal determine si la Policía tenía derecho a mantenerla en marcha.
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