La ruta migratoria hacia Estados Unidos volvió a dejar al descubierto una de sus caras más oscuras: la desaparición de hondureños en territorio mexicano.
Las fichas difundidas por Conexión Migrante reviven historias marcadas por el silencio, la incertidumbre y familias que todavía esperan una llamada que nunca llegó.
Detrás de cada fotografía hay hogares detenidos en el tiempo, madres que no dejaron de buscar y preguntas que continúan abiertas más de una década después.
De interés: 75 años tras las rejas por secuestrar a migrantes hondureños en Tabasco
Veracruz: el último rastro de hondureños como José Rafael
Uno de los casos es el de José Rafael Rivera Rivera, migrante hondureño desaparecido el 30 de octubre de 2008.
Según la ficha de búsqueda, su última ubicación conocida fue en Veracruz, una de las zonas donde durante años se denunciaron secuestros, desapariciones y ataques contra personas migrantes.
José Rafael tendría actualmente 35 años y su familia continúa esperando información que permita conocer qué ocurrió con él en su paso por México.

Tamaulipas y la frontera del miedo
La lista también incluye a Aaron Eleazar Carrazco Turcios, desaparecido en abril de 2012.
El último punto donde fue visto se ubicó en Tamaulipas, territorio que durante años se señala por la operación de grupos criminales dedicados al secuestro y extorsión de migrantes.
Aaron Eleazar, también hondureño, tendría hoy 35 años. Desde su desaparición no se volvió a tener comunicación con él.

Jalisco: años de incertidumbre
Otro de los nombres que sigue en búsqueda es el de Oscar Antonio López Enamorado, desaparecido el 19 de enero de 2010 en Jalisco.
Oscar Antonio tendría actualmente 36 años y la ficha difundida por la organización migrante solicita que cualquier información sobre su paradero sea enviada al correo redaccion@conexionmigrante.com o al número telefónico mexicano 55 52 11 58 14.

La herida que sigue abierta
Las desapariciones de migrantes hondureños en México continúan siendo una de las tragedias menos resueltas de la región.
Muchos salieron huyendo de la pobreza, la violencia o la falta de oportunidades, pero terminaron perdiéndose en corredores dominados por redes criminales y rutas controladas por el miedo.
Con el paso de los años, las familias se aferran a una esperanza mínima: encontrar una pista, una llamada o una respuesta que les permita cerrar una historia que nunca terminó.
Lea también: 'Nos apuntaban a la cabeza': migrantes hondureños relatan sufrimiento en México
