Una escena brutal de justicia por mano propia conmocionó a Brasil el pasado fin de semana.

En el municipio de Tonantins, en el estado de Amazonas, una multitud enfurecida tomó por asalto una comisaría y linchó a José Andrei de Matos Rodrigues, de 33 años, acusado de asesinar a su pareja, Valdilene da Silva Prestes, y de herir gravemente a su hijastra de 21 años.

El crimen que detonó esta tragedia ocurrió días antes. Según medios locales, Rodrigues atacó con un cuchillo a Valdilene en su vivienda en lo que sería un arranque de celos.

La mujer murió en el acto. Su hija fue trasladada al hospital y permanece internada, aunque fuera de peligro.

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¿Por qué los pobladores quemaron vivo al hombre?

Los rumores de que el acusado sería liberado, al parecer por falta de pruebas, fueron la chispa que encendió la furia colectiva.

La noche del sábado, decenas de personas se movilizaron hasta la sede policial. Armados con piedras y palos, derribaron el portón principal, entraron a la fuerza, sacaron a Rodrigues y lo golpearon hasta dejarlo inconsciente.

Luego, lo rociaron con gasolina y le prendieron fuego justo frente a la comisaría.

La Policía Civil del estado de Amazonas confirmó el hecho y anunció que se abrió una investigación para identificar a los autores del ataque, tanto a la sede policial como al linchamiento del detenido. Ninguno de los policías resultó herido.

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Este caso ha reavivado el debate en Brasil sobre la fragilidad del sistema de justicia en zonas rurales, donde las autoridades suelen llegar tarde y la población, en desesperación, opta por hacer justicia por su cuenta.

Activistas por los derechos humanos han condenado el linchamiento, aunque también señalan que este tipo de reacciones violentas nacen de la impunidad persistente frente a los feminicidios, una violencia que golpea con fuerza en las regiones más aisladas del país.