Los billetes pueden quedarse en el país donde se recogieron y, aun así, el valor de esas ganancias aparece a miles de kilómetros después, disponible para financiar otro cargamento de cocaína.
Ese mecanismo está detrás de una transformación del lavado de dinero que el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) documenta en un informe publicado en septiembre de 2026.
La investigación describe redes capaces de recoger dinero del narcotráfico, compensar cuentas entre operadores y entregar un valor equivalente en otro lugar, sin que necesariamente los mismos billetes crucen las fronteras.
El sistema permite separar dos rutas: la que sigue la droga y la que utilizan sus ganancias.
Y América Latina aparece directamente en esa ecuación, el GAFI identificó canales de lavado de dinero vinculados con ganancias de la cocaína y mecanismos comerciales para repatriarlas entre América Latina, Europa y Medio Oriente.
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Cocaína y el dinero que puede quedarse, pero su valor viaja
Una de las claves está en los sistemas de banca clandestina y mecanismos similares al hawala, redes informales que permiten transferir valor entre personas ubicadas en diferentes lugares.
Su característica fundamental, según el GAFI, es precisamente transferir valor sin que exista un movimiento físico transfronterizo equivalente de fondos.
Imagine que una organización criminal acumula dinero procedente de drogas en un país.
En lugar de enviar ese efectivo hasta el destino donde necesita utilizarlo, entrega los fondos a un operador de una red clandestina.
Otro integrante de esa estructura puede entregar una cantidad equivalente al destinatario en otro país.
Después, los operadores ajustan las cuentas entre ellos mediante comercio, transferencias, efectivo, activos u otros mecanismos de compensación.
Así, el valor cruza la frontera aunque aquellos billetes que originaron la operación nunca realizaran ese viaje.

El comercio en una misma ruta
El informe dedica un apartado al Black Market Peso Exchange (BMPE), o mercado negro de cambio de pesos, un mecanismo que el GAFI considera todavía relevante para el lavado de dinero en América Latina.
Este modelo permite utilizar operaciones comerciales y cambiarias para compensar obligaciones entre diferentes participantes.
El GAFI encontró mecanismos de ese tipo relacionados con ganancias procedentes de cocaína y esquemas de repatriación mediante comercio entre América Latina, Europa y Medio Oriente.
También detectó movimientos transfronterizos de esas ganancias mediante redes de cambio y canales comerciales.
Aparecen además compensaciones mediante mercancías y un uso amplio de sociedades pantalla y empresas fachada para ocultar el verdadero origen o destino del dinero.
El mecanismo no desapareció con la llegada de nuevas tecnologías y por el contrario, el GAFI advierte que estos modelos se combinan con canales contemporáneos, entre ellos liquidaciones mediante activos virtuales.
500 millones de euros en ocho meses
Una investigación en Países Bajos muestra la dimensión que pueden alcanzar estas estructuras.
La Operación Klaver descubrió una de las mayores redes de banca clandestina identificadas en Países Bajos y Europa.
En apenas ocho meses procesó aproximadamente 500 millones de euros en ganancias criminales, principalmente para organizaciones dedicadas al narcotráfico.
Mensajeros recogían grandes cantidades de efectivo de los clientes criminales y las trasladaban hasta almacenes donde eran contadas y registradas.
Posteriormente, cantidades equivalentes se redistribuyeron a otros actores criminales. Había registros internos, referencias codificadas, comisiones, almacenamiento de efectivo y una logística para organizar los movimientos de los mensajeros.
Pero la parte más reveladora ocurría después, la organización coordinó con corredores internacionales para compensar cuentas entre jurisdicciones.
Así podía transferirse valor hacia países de origen y tránsito y según el GAFI, ese dinero podía terminar incluso para financiar nuevos cargamentos de droga.

El lavado se convirtió en un servicio
Estas estructuras tampoco trabajan necesariamente para una sola organización criminal.
El GAFI describe una creciente profesionalización de redes que funcionan prácticamente como empresas clandestinas especializadas en lavado de dinero.
El organismo habla de un modelo conocido como money laundering as a service: delincuentes que externalizan el lavado y pagan a especialistas para ocultar, mover o transformar sus ganancias.
Las redes pueden operar a escala internacional, manejar grandes cantidades y cobrar comisiones por sus servicios.
El negocio ilícito termina así dividido en especialidades: unos producen o transportan drogas; otros venden, mientras estructuras financieras clandestinas se encargan del dinero.
Más del 80 % de las jurisdicciones que reportaron información al GAFI identificaron la banca clandestina.
De los mensajeros a las billeteras virtuales
La transformación también es tecnológica y casi 70 % de los participantes identificó integración de nuevas tecnologías en estas redes.
Los operadores pueden utilizar aplicaciones de mensajería cifrada para coordinar operaciones y recibir instrucciones.
Los clientes, mientras tanto, pueden iniciar movimientos mediante transferencias bancarias, billeteras móviles, aplicaciones fintech o sistemas de pago instantáneo.
También aparecen activos virtuales como instrumentos para ajustar balances entre operadores.
La tecnología no necesariamente sustituye los métodos tradicionales: puede incorporarse a redes que todavía utilizan efectivo, comercio, empresas y otros mecanismos para ocultar las ganancias criminales.

Empresas legales dentro del circuito
El dinero tampoco tiene que permanecer siempre en estructuras completamente clandestinas.
El GAFI advierte sobre una creciente conexión de los lavadores profesionales con el sistema financiero formal.
Cuentas bancarias, plataformas fintech, proveedores de pagos, tarjetas prepagadas y billeteras de activos virtuales pueden convertirse en puntos de entrada o salida dentro del ciclo del lavado.
El informe también señala riesgos relacionados con la participación de abogados, contadores, auditores, notarios, asesores financieros, agentes inmobiliarios y otros profesionales.
La frontera entre dinero criminal y actividad aparentemente legítima puede volverse entonces mucho más difícil de identificar.
América Latina permanece en el mapa del lavado
Para América Latina, el informe mantiene una advertencia particular, el GAFI considera que el BMPE es una tendencia regional persistente y de gran escala.
La favorecen los mercados ilícitos intensivos en efectivo y corredores comerciales que conectan América Latina, Norteamérica y Asia oriental.
Además, identifica esquemas donde estructuras de importación y exportación sirven para equilibrar cuentas mediante facturación falsa.
También hay alteración de precios, descripciones ficticias de mercancías y compensaciones comerciales.
En otros modelos, dólares generados por carteles pueden intercambiarse por otras monedas y utilizarse para comprar mercancías que posteriormente son exportadas y vendidas en terceros países.
El resultado es una cadena en la que cocaína, efectivo, mercancías y operaciones financieras pueden seguir rutas diferentes.
La transformación que muestra el informe cambia incluso la imagen tradicional del dinero de la droga.
Ya no todo depende de maletas cargadas de efectivo atravesando aeropuertos, carreteras o fronteras.
Una red puede recoger los billetes en un país, compensar cuentas con operadores ubicados en otro y hacer disponible el valor en un tercero.
La cocaína puede recorrer miles de kilómetros y sus ganancias ya no necesitan hacer el mismo viaje.
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