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Que nunca la 'canallocracia' enmudezca a la prensa

Pretender manipular desde el poder a medios y periodistas es atentar contra la democracia y contra el derecho de la ciudadanía a informarse


Uno de los nombres que se mantienen brillando con luz propia en la historia del periodismo nacional es sin duda alguna el de Paulino Valladares, nacido un 19 de octubre de 1881 en el municipio de Guinope, departamento de El Paraíso, caballero de las letras que puso muy en alto el nombre de Honduras dentro y fuera de las fronteras patrias, fundador del histórico diario El Cronista, del que fue su director de 1913 a 1926, año en que falleció, el llamado con méritos “Príncipe del periodismo” se enfrentó a los políticos de su época que trataban de censurar su pensamiento combativo y acuñó una frase que ha sido consagrada en la historia de las letras hondureñas, “Nunca el filo de un machete, corta el perfil de una pluma”.

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En el ensayo titulado “El Cronista y don Paulino”, el escritor Juan Ramón Ardón,  destaca de esos años que:

“Podían ser muy fuertes los huracanes de la política hondureña, muy arrolladora la vorágine del odio cavernario que engendran los intereses bastardos alentados por el ansia desmedida de poder, pero eso no importaba, la pluma de don Paulino siempre estaba lista para hacer sentir el peso de su condición de valiente y genuino defensor de toda causa que tuviera como fundamento el bien de Honduras”.

“El Cronista y don Paulino”, Juan Ramón Ardón.

De hecho, la historia recuerda que fue justo en esos momentos, en donde el poder político buscaba a cualquier costo silenciar a la prensa que Paulino Valladares, pionero del periodismo nacional inmortalizó otra histórica frase, “Nunca la canallocracia enmudece al periodista”.

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De don Paulino se ha escrito muy poco, como sucede a menudo con los grandes hombres y mujeres de letras remitidos al olvido, estudiando e investigando sobre su vida y legado nos encontramos con un periodista de mucha constancia en su trabajo y amplia multiplicidad en el abordaje de los temas, otro de sus más célebres pensamientos recomienda que “la prensa independiente huye de la imposición. Solo tiene un dogma, el interés patrio. Por lo demás habla con tolerancia, discute, reflexiona, atiende y enseña”.

Sigo citando a Juan Ramón Ardón, quien refiere que los pensamientos periodísticos de Paulino Valladares tienen la resistencia de lo permanente a través del tiempo, y vaya que sí, leyendo el artículo “Menuda política” encontramos un par de párrafos que deberían estar enmarcados en letras de mármol y oro, “Mucho se distrae la atención de este pueblo de Honduras en la menuda política infecunda. Se gasta la energía del espíritu en saber si un empleado pertenece a tal o cual grupo político….”. Y continúa, “Si el 50 por ciento que se gasta en hablar necedades y en conjugar los verbos de la gramática parda, se emplearan en laborar prácticamente por el desarrollo de los problemas efectivos del progreso patrio, otra sería la suerte de la República”; pareciera un escrito pensado para hoy.

La enseñanza y pensamiento de los pioneros debe mantenerse vigente, en periodismo la ética profesional y la calidad de la información son dos conceptos que obligatoriamente deben ir de la mano, es difícil, casi imposible concebir un concepto lejos del otro, ambas características están directamente relacionadas con el principio de servicio público que debe cumplir el periodista, cuyo real llamado es el de convertirse en la voz de las audiencias.

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En función de este rol social, los medios de comunicación y los periodistas, son plataformas fundamentales para el libre flujo de la información hacia la sociedad, esta es una tarea fundamental e invaluable, los ciudadanos dependen en gran medida del correcto funcionamiento de este trinomio (periodistas, medios de comunicación e información).

Se han equivocado los gobiernos que creen que la tarea de gobernar implica también controlar o manipular el derecho de la población a la información veraz y objetiva, el poder político no significa control mediático y menos cuando se busca mediante formas legales, sanciones orientadas a descalificar la información y tipificarla como sinónimo de delito.

Pretender manipular desde el poder a medios y periodistas es atentar contra la democracia y contra el derecho de la ciudadanía a informarse por las vías que estimen convenientes, permitir que desde el Estado se violente el principio de la libertad de expresión es sacrificar por un lado el interés ciudadano, y por otro la calidad periodística como elemento esencial de la independencia de la profesión.

Para ejercer el periodismo de la mejor manera es indispensable ser libre para pensar y para expresar lo que se piensa, libre para buscar la información y divulgarla por cualquier medio sin necesidad de pedirle permiso a nadie, el Estado por su parte debe garantizar a los comunicadores el derecho de practicar el periodismo sin más límites que los que le impone la ética, las buenas prácticas y el respeto a los derechos de los demás.

Aldo Romero Periodista/Catedrático universitario

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