Tengo ya un par de años en periodismo, mucho tiempo fuera del reflector, atrás de los escenarios, haciendo que mi contenido sea el protagonista.

Ya hice televisión, radio, prensa escrita y últimamente estrategia digital y todos esos componentes que hacen que me estés leyendo ahora.

En más de un lustro periodístico, las salas de redacción han sido mi vida.

Y aunque he logrado estar ya en varias en el país, también mi firma está en algunos otros medios del mundo. Eso más que conformarme, realmente me ha impulsado a ir por más.

Pero el inicio fue duro. Recuerdo incluso, ya trabajaba de periodista y presentaba problemas ortográficos.

Mis primeros editores en diario La Tribuna consideraban mi contenido como bueno, romántico, lírico, informativo y constructivo. Pero, siempre me dijeron que mi ortografía debía mejorar.

Rafael Lazzari, viejo periodista hondureño con un nivel de redacción muy elevado, me acostumbró a la mejora continua en este tema.

Me obligó a tener una libreta en la que debía anotar todos los días, mis errores, sus correcciones y las palabras nuevas que usaran mis compañeros o la competencia en sus notas.

No saben cómo se lo agradezco hoy en día. Pero más, cuando juró que por cada error ortográfico que me encontrara a partir de su advertencia, me pegaría con su manojo de llaves en la cabeza.

Me pegó dos veces.

Ya había cursado todas mis clases de español en la universidad. Saqué créditos extra de redacción (Español II, para muchos periodistas en la UNAH) porque no quería que me volviera a pegar.

Ya pasaron muchos años desde entonces y con el paso del tiempo me tocó caminar en las salas de redacción y comenzar a editar contenidos, notas, reportajes... entre otros.

Casi me da un infarto la primera vez que tuve a mi cargo un practicante.

Realmente nunca merecí los dos "llavazos" de Lazzari comparado con todo lo que tocó corregir hasta ahora en mi carrera.

Esta semana he vuelto a leer que Español y Matemáticas son las materias que los estudiantes hondureños no pueden superar. Y es algo recurrente, año con año es lo mismo.

Cierto es que ningún maestro se preocupó nunca por mejorar mi nivel de español en educación básica e intermedia, pero de mí dependió al menos aprender a poner las tildes.

Hoy en día le sigo pidiendo a cada joven periodista que trabaja o practica conmigo, que lleve esa libreta. Pero lastimosamente muy pocos siguen la instrucción. Ahora todo es móviles, celulares, aparatos.

"Modernízate", me increparon una vez. "Acá tengo celular para tomar nota", me dijeron otros. Algo de razón tienen, pero a la hora de escribir sin el autocorrector del teléfono, el mundo sufre.

No es necesario ser un escritor para tener una buena ortografía, de hecho, conozco personas que son ingenieros, mercadólogos, farmacéuticos y médicos con perfecta ortografía, pero todos me han dicho que se ayudaron en el hábito de la lectura.

¿Cuál fue el último libro que leíste? Bueno, sabes de lo que hablo entonces.

Pero ojo, que son excepciones, porque también he visto a profesionales de maestrías y doctorados escribiendo con faltas básicas de ortografía.

Si el español es una de las materias con las que más chocan los estudiantes hondureños, también tiene sentido leerle a los demás: "Q hondas", "ke ez eza kosa", "ola".

Según la secretaría de Educación, de 27 mil estudiantes, la mitad se aplaza todos los años en español. De matemáticas mejor no hablemos, porque apenas el 30 por ciento de tal cantidad, logra entender los números.

No soy experto en matemáticas, pero tampoco me considero en ese 30 por ciento.

De hecho, siento y entiendo que al usar matemáticas tengo mayor capacidad de razonamiento, reflejo, análisis e interpretación. Creo que acá cabe la Inteligencia lógico-matemática.

Pero lastimosamente los maestros de básica, intermedia y universidad poco se ocupan (no escribo preocupan) porque los alumnos las superen. Pero mayor verdad es que nosotros mismos hacemos menos.

Una misma noticia de esta semana. Una gran cantidad de padres de familia culpaban que sus hijos se hayan aplazado en el año lectivo 2019 por culpa de los celulares.

El periodista le preguntó a los maestros que si realmente el celular era las causas para que no aprobaran las materias y ellos dijeron que sí.

Pero luego, el director del colegio dijo que a los maestros les pasaba igual.

Yo no creo que realmente sea el celular, sino el contenido. Muchas escuelas en Honduras (privadas) y el mundo, operan toda la jornada de sus alumnos en tabletas y aparatos móviles.

Lo que realmente hace que los alumnos se aplacen, no aprendan a escribir y resolver problemas matemáticos, es el contenido que consumen.

Hay que leer. Al menos en el celular.