Todos los caminos convergen a que las reformas electorales en Honduras van destinadas a sentenciar a los denominados partidos emergentes a su desaparecimiento de la arena política nacional, así lo perciben sus dirigentes.

A los denominados “partidos de maletín o partidos bisagras”, calificados así por su compadrazgo y afín al partido que ostente el poder en ese momento, les podría llegar la hora cero, si no se preocupan en mejorar su oferta electoral, y abrir el abanico a nuevos liderazgos.

Una de las reformas concertada entre la comisión especial de diputados y comisión técnica, es ponerle candado de una vez por todas a la cantidad de sufragios obtenidos.

Por ejemplo, los partidos pequeños deben sacar por lo menos 10 mil votos en todos los niveles, es decir un 2 por ciento del padrón electoral. Si no es así, pierden vigencia.

Unificación Democrática (UD), Democracia Cristiana (DC), Vamos, Faper, PAC y Alianza Patriótica, obtuvieron 29 mil 187 votos en el último proceso eleccionario de 2017, si las reformas pasan, casi todos, desaparecerían del mapa político del país.

El PINU-SD tiene como tabla de salvación su alianza política.

Otros partidos como la Nueva Ruta y otros en formación, podrían solo ir a pasear en las próximas elecciones.

Otro de los consensos es que los temas de credenciales solo podrán optar a ella los partidos con mayor caudal de votos, claro es: Partido Liberal, Partido Nacional y Libre, tendrían la oportunidad talvez uno o dos partidos pequeños, pero la reforma pretende quitarles el “negoción” de ventas de credenciales que en el pasado muchos partidos lo hicieron; aunque aquí para el que peca y compra, el pecado es igual.

Otro impacto para los partidos pequeños en Honduras será económico, la reforma busca reducir la deuda política que reciben.

En Honduras se paga 39 lempiras con 39 centavos por cada voto que saquen los partidos políticos más un bono por transporte.

En el último procese electora se pagaron 261 millones de lempira por deuda política y de estos se otorgó 8.7 millones de lempiras al PINU por su alianza con Libre, y 9.1 millones de lempiras se distribuyeron los demás partidos. Esto es oneroso a la pobre economía del país.

Entonces ¿es rentable mantener una democracia tan cara en Honduras? ¿Será urgente y necesario reducir la parrilla política? ¿Vale la pena seguir conformando nuevos partidos políticos? ¿Inquietudes que ya tienen respuesta en detrimento de los emergentes?

En sala de espera hay 8 solicitudes de nuevas fuerzas políticas que el Consejo Nacional Electoral (CNE) tendrá que resolver. O será mejor ponerle punto y final a esto y dar el tiro de gracia aquellos que no cumplan con los requisitos de la nueva ley electoral como piensa la mayoría.

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