A saber, en qué pensaba Gabriel García Márquez cuando dijo:

«El monumento al General Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas».

Cuando se lee voluntariosamente el discurso de aceptación del Nobel de Gabo, uno no deja de estremecerse y de inmediato asaltan las suspicacias, sobre todo por la dimensión que posee para muchos hondureños el personaje del paladín.

Gabo la copió de Eduardo Galeano, quien a su vez la copió de una carta de Leopoldo Lugones a Froylán Turcios, donde le pregunta si es verdad que la estatua es del mariscal Michel Ney. La carta fue publicada en la revista Ariel.

“El caso es que Galeano estudió a Lugones un tiempo y encontró esa carta transcrita en una antología. Él lo explicó en 2007, cuando la UPNFM le dio un Doctorado Honoris Causa y fue duramente increpado por Miguel Cálix Suazo (historiador morazánico) para que se retractara, cosa que hizo después”, dice el historiador José Carlos Cardona.

La disculpa de Galeano aparece en su obra: "Las Memorias del Fuego".

Hay algo que pocos saben sobre el monumento… Y es que la estatua no vino sola.

Encargada por el Gobierno de Marco Aurelio Soto, fue colocada en la Plaza Central de Tegucigalpa en 1882, rodeada de cuatro estatuas de mármol de Carrara que representan a las cuatro estaciones griegas.

Las cuatro estaciones en el centro de Tegucigalpa.

Morazán estaba en el centro y viendo al sur, y todo éste conjunto escultórico tenía una mensaje:

«El tiempo pasa, pero Morazán es eterno…»

Lastimosamente, la estatua fue removida de su sitio original. Ahora está fuera del conjunto escultórico y mira hacia el norte…

Las otras dos estatuas que llegaron junto a las anteriores fueron: la de Valle (ubicada en el Parque del mismo nombre), y los bustos de José Trinidad Reyes y José Trinidad Cabañas (ubicadas en la plaza La Merced).

El Monumento erigido al Héroe mediante Decreto emitido el 27 de agosto de 1882 fue firmado por Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa.

Después de emitido el Decreto, se suscribe La Contrata, la que considera "Las especificaciones" de todos los monumentos. La Contrata la firman Ramón Rosa y Francisco Durini a un precio de 27 mil pesos plata (un dineral para la época).

El Ingeniero Durini es el mismo que el gobierno salvadoreño contrató para la construcción del monumento erigido en San Salvador el 15 de marzo de 1882, en el que el orador hondureño Álvaro Contreras pronunció aquél formidable discurso:

"Suprimid el Genio de Morazán…."

El de El Salvador es el primer monumento erigido al héroe en Centro América.

Durini subcontrató al famoso escultor francés Leopoldo Mourice, quien elaboró la estatua del héroe en los talleres de los hermanos Thiebaut, en París, y al final, la estatua ecuestre del Héroe -junto a las otras- fueron colocadas en su sitio el 30 de noviembre de 1883, siendo Presidente de la República Luis Bográn.

También, Rafael Leiva Vivas "comprobó su autenticidad mediante la revisión de archivos diplomáticos en París, Francia". Esa investigación la recogió en el libro «La estatua de Morazán" (2005).

Ya es tiempo de que los hondureños superemos esa perversa campaña contra el monumento, contra el héroe, y también contra Honduras, que inició en el siglo pasado. Lo repite William Kremd, un canadiense en 1947, luego Galeano en sus "Venas Abiertas" en 1971, (pág. 432), y García Márquez en Estocolmo en 1982.

Lo más triste de esto es que a diario lo repiten muchos hondureños, y a diario se hacen las aclaraciones...

Mirá más en este hilo

https://twitter.com/bucentauro_/status/1260994773529362432