15 Apr. 2026
El Día Internacional del Arte no es motivo de fiesta para los creadores hondureños: es una jornada de reflexión y, por qué no, de tristeza.

El cambio es natural, lo sabemos. Pero nunca, como ahora, fue una afrenta tan grande ser artista. En los últimos años, el mundo ha girado hacia el desaprecio de la inteligencia, la creatividad y el talento.
Las nuevas tecnologías y paradigmas culturales avanzan hacia el abrazo de lo inocuo, lo superficial y lo banal, y asistimos a la muerte del arte como expresión maravillosa y profunda del conocimiento y la imaginación humana.
En Honduras, los trabajadores del arte (pintores, escritores, músicos, actores, bailarines, cineastas, etc.) han sido desplazados de la agenda nacional de los gobiernos y excluidos de un sistema jurídico que garantice la seguridad laboral y los derechos del sector artístico y cultural.
En el pasado gobierno, por ejemplo, la Secretaría de Cultura —que al menos recuperó su rango de Secretaría después de su degradación a Dirección de Cultura durante el régimen de JOH— no solo ninguneó y segregó a los artistas, sino que también dilapidó millones de recursos destinados al desarrollo del sector cultural, como fue el caso del fallido proyecto PICCCMAH.
Ni qué decir sobre la eterna promesa de la Ley Marco del Sector Cultural, cuya elaboración y discusión debatimos durante el Primer Encuentro Nacional de Artistas en Comayagua en el 2023 —donde tuve la oportunidad de moderar los foros—, y cuya finalización y aprobación parece, ahora, un proyecto en el cuerno de la Luna.
En el nuevo gobierno, la agenda distante de los creadores y artistas que han dedicado su vida y obra a enorgullecer al país aquí y más allá de sus fronteras, la esperanza del sector parece más lejana.
No ignoramos que toda expresión humana es cultura (cada una en su espacio), pero tampoco desconocemos la enorme contribución creativa, intelectual, social y espiritual del arte.
Que los trabajadores del arte tengan derecho a una ley que regule su sector y les otorgue derechos laborales, sanitarios y fiscales, no solo es necesario, sino, en gran medida, indispensable en toda sociedad civilizada.
Por esa ausencia, el Día Internacional del Arte no es motivo de fiesta para los artistas hondureños: es una jornada de reflexión y, por qué no, de tristeza.
El Día Internacional del Arte no es motivo de fiesta para los creadores hondureños: es una jornada de reflexión y, por qué no, de tristeza.
Martha Argerich no es solo una de las representantes más brillantes de la música académica del siglo XX: también es musa.
Para Neil, el futuro de la vida humana será cíborg, y la fusión entre cuerpo y software es cuestión de tiempo
Recibe las mejores historias directamente a tu correo
¡Suscríbete YA!