El próximo 25 de enero se perfila como una fecha clave para el rumbo político de Honduras. Ese día, el Congreso Nacional instalará su nueva legislatura y elegirá al presidente del Poder Legislativo para el período 2026-2030, un cargo estratégico que definirá la agenda parlamentaria y el equilibrio de fuerzas entre los principales partidos.

La elección se da en medio de intensos cabildeos entre bancadas, ya que el presidente del Congreso no solo dirige las sesiones, sino que tiene un papel decisivo en la conducción política del Legislativo y en la relación con el Poder Ejecutivo.

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Los aspirantes a la presidencia del Congreso por partido

En el Partido Nacional (PN), el candidato oficial es Tomás Zambrano, diputado por el departamento de Valle, quien ha sido una de las figuras más visibles de esa bancada en los últimos años y cuenta con el apoyo del presidente electo Nasry Asfura.

Su postulación busca consolidar al nacionalismo como un bloque de peso en la toma de decisiones legislativas.

Mientras, en el Partido Liberal (PL) no hay una candidatura formal, pero los nombres que más suenan dentro de la bancada son Marlon Lara, diputado por Cortés, y Yuri Sabas, de Choluteca.

Ambos cuentan con respaldo interno y han participado activamente en negociaciones políticas recientes, por lo que podrían convertirse en cartas clave durante las votaciones.

Por su parte, Libertad y Refundación (Libre), partido de gobierno, no presentó ningún aspirante. Libre ha sido claro en que no apoyará a los candidatos del Partido Nacional ni del Partido Liberal.

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¿Qué hace el presidente del Congreso?

El presidente del Congreso Nacional es una de las figuras más influyentes del Estado. Entre sus principales funciones están:

  • Presidir las sesiones ordinarias y extraordinarias, dar la palabra a los diputados y mantener el orden en el hemiciclo.
  • Representar oficialmente al Poder Legislativo ante los otros poderes del Estado y organismos internacionales.
  • Administrar el Congreso, supervisando el manejo financiero y al personal.
  • Firmar y certificar los decretos aprobados y remitirlos al Poder Ejecutivo para su sanción o veto.
  • Definir la agenda legislativa y convocar a sesiones.
  • Presidir la Junta Directiva del Congreso y coordinar su trabajo.
  • Velar por el cumplimiento de la Constitución y el reglamento interno.
  • Dirigir los procesos de elección de altos funcionarios que dependen del Congreso.

La decisión que se tome este 25 de enero marcará el tono político del período 2026-2030.

Más allá de los nombres, lo que está en juego es el control de la agenda legislativa y la capacidad de cada fuerza política para influir en las grandes decisiones en beneficio colectivo de la población hondureña.

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