La radiografía electoral de Honduras, vista desde lejos, no dibuja una línea recta hacia arriba. Avanza, se quiebra, intenta recuperarse, vuelve a caer y finalmente repunta.
Esa trayectoria se retrata en el nuevo informe Entre la resiliencia y la fragilidad: los ecosistemas de integridad electoral en América Latina, elaborado por el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA Internacional).
El estudio coloca a Honduras entre 18 países latinoamericanos observados desde 1978 hasta 2024 mediante indicadores del proyecto V-Dem.
Y cuando se mira exclusivamente la curva hondureña del índice de democracia electoral, aparece una radiografía que permite observar algo difícil de apreciar mirando una elección aislada: dónde avanzó el país y dónde perdió terreno.
La gráfica muestra un crecimiento importante desde los primeros años del período democrático hondureño, seguido por etapas de relativa estabilidad.
Pero esa línea también registra rupturas, visualmente se aprecia una caída alrededor de la crisis política de 2009, una recuperación posterior y otro descenso alrededor de 2017.
Hacia el final del período, la curva vuelve a subir.
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Radiografía electoral, no es solo contar votos
Ahí está uno de los aportes centrales del estudio: la integridad electoral, misma que ya no puede entenderse únicamente como la capacidad de organizar una votación, instalar urnas, transmitir resultados y contar correctamente las papeletas.
IDEA Internacional observa las elecciones como parte de un ecosistema mucho más amplio.
En él entran la autonomía y capacidad de los organismos electorales, las condiciones de competencia política, la confianza ciudadana, la participación, el financiamiento político y la aceptación de las reglas democráticas.
El informe encuentra precisamente una paradoja en América Latina, mientras la región se volvió considerablemente mejor organizando elecciones, las condiciones políticas y culturales necesarias para sostener su legitimidad se deterioran.
Los números muestran esa transformación, el índice regional de elecciones limpias pasó de 0.212 en 1978 a 0.669 en 2024. Sin embargo, continúa por debajo del máximo de 0.747 alcanzado en 2004.
Es decir: América Latina aprendió a administrar mejor las elecciones, pero eso no resolvió todos sus problemas electorales.

Honduras y sus cuatro décadas de elecciones
La comparación regional ayuda a dimensionar la trayectoria hondureña, durante las últimas cuatro décadas. Los 18 países estudiados celebraron 171 elecciones presidenciales.
Pero votar periódicamente, advierte el informe, no garantiza automáticamente una democracia más profunda.
Las diferencias entre países son enormes, por ejemplo, Chile y Uruguay mantuvieron índices superiores a 0.9 durante el período analizado y aparecen como ejemplos de elevada integridad electoral sostenida.
Colombia, Guatemala, México y Perú siguieron otro camino: fortalecieron gradualmente sus instituciones, aunque enfrentaron crisis recurrentes de gobernanza electoral.
En el extremo contrario, El Salvador, Nicaragua y Venezuela registraron retrocesos notorios desde la década de 2000.
Honduras está incluido en el análisis, pero IDEA Internacional no lo coloca expresamente dentro de ninguno de esos tres grupos descriptivos.
Su gráfica, sin embargo, permite seguir su propia trayectoria y esa trayectoria resulta reveladora precisamente porque no muestra ni la estabilidad sostenida de los sistemas más fuertes ni un descenso continuo durante todo el período.
Muestra avances interrumpidos por retrocesos.
2017 dejó una cicatriz en la integridad electoral
Hay un momento en el que Honduras deja de aparecer únicamente como una línea dentro de una gráfica.
El informe menciona expresamente al país al analizar los ataques contra las autoridades electorales.
IDEA Internacional señala que este tipo de dinámicas se documentaron en distintos momentos en Brasil, Ecuador, El Salvador, México, Nicaragua, Panamá, Perú y Honduras en 2017.
Los ataques contra las autoridades electorales son considerados por el estudio uno de los desafíos que pueden deteriorar un ecosistema electoral.
Pueden tomar la forma de cuestionamientos sistemáticos contra su independencia, campañas destinadas a reducir su credibilidad, restricciones presupuestarias o modificaciones de sus atribuciones.
El resultado puede trascender a quienes dirigen temporalmente una institución: lo que erosiona la confianza en el árbitro que administra la competencia política.
El informe identifica tres mecanismos: erosión de la legitimidad pública, debilitamiento de las capacidades operativas y generación de conflictos entre los organismos que integran el sistema electoral.

Tener mejores instituciones tampoco garantiza confianza
Esta es probablemente la contradicción más importante de toda la radiografía. Los organismos electorales latinoamericanos son hoy, en promedio, considerablemente más profesionales y autónomos que hace cuatro décadas.
El índice regional de profesionalización pasó de 0.247 en 1978 a 0.672 en 2024, mientras el de autonomía avanzó de 0.331 a 0.715.
Pero el progreso comenzó a mostrar señales de vulnerabilidad y el informe identifica presiones políticas, intentos de captura institucional, restricciones presupuestarias y campañas de deslegitimación contra las autoridades electorales.
Y mientras las instituciones mejoraron técnicamente, otra variable caminó en dirección contraria.
La participación electoral regional cayó desde máximos superiores al 77.29 % en las primeras elecciones posteriores a las transiciones democráticas hasta un promedio de 68.92 % durante la década actual.
IDEA Internacional vincula esa disminución no solo con el desencanto frente a la oferta política, sino con un problema más profundo de legitimidad democrática.
Las nuevas grietas de una elección
La radiografía tampoco termina en las instituciones, el informe identifica vulnerabilidades que hace cuatro décadas tenían un peso mucho menor dentro de una elección.
Una de ellas está en el dinero, el financiamiento político opaco facilita la captura institucional, la corrupción electoral y la distorsión de la competencia.
Y la digitalización crea nuevas zonas difíciles de fiscalizar: publicidad programática, gastos digitales insuficientemente monitoreados e incluso criptomonedas aparecen ahora dentro del universo que deben vigilar las autoridades electorales.
Otro frente está en los sistemas tecnológicos, donde los ataques a la transmisión de resultados y las infiltraciones en bases de datos representan amenazas.
El estudio también identifica ataques de denegación de servicio y campañas de desinformación amplificadas mediante bots.

Una línea que cuenta la historia hondureña
Por eso la curva de Honduras, no representa solamente cuántas elecciones celebró el país. Refleja una dimensión electoral que avanzó durante décadas, atravesó retrocesos visibles y posteriormente recuperó terreno.
El informe no concluye que Honduras pertenezca a los ecosistemas de mayor integridad ni lo ubica entre los casos de erosión extrema.
Lo que revela es que, Honduras avanzó, perdió terreno y volvió a recuperarlo, pero su propia trayectoria demuestra que los progresos electorales no son irreversibles.
La advertencia de la radiografía, es que después de cuatro décadas de elecciones latinoamericanas, la región sabe organizar mejor las elecciones, pero no significa que confíe más en ellas.
Y en Honduras, la línea que sube, cae y vuelve a levantarse muestra que la integridad electoral no se conquista una sola vez.
Se puede fortalecer durante años y perder terreno en una sola crisis.
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