Los talibanes se apoderaron de un distrito controlado por el gobierno afgano en las afueras de Kabul, antes de que entre en vigor un alto el fuego de tres días, indicó el miércoles un portavoz del gobierno.
El distrito de Nerkh, en la provincia de Wardak, al suroeste de Kabul, ha sido utilizado desde hace tiempo como punto de acceso a la capital o base para lanzar ataques.
"Las fuerzas de seguridad y de defensa llevaron a cabo una retirada táctica de la sede de la policía local del distrito de Nerkh", dijo a la AFP el portavoz del ministerio de Interior, Tareq Arian.
Un portavoz talibán, Zabihullah Mujahid, dijo que los insurgentes tomaron el control el martes y que se apoderaron de la sede de la policía y de una base militar.
El ministerio de Defensa avanzó el miércoles su intención de lanzar una ofensiva para reconquistar el distrito, donde viven más de 60 mil personas. "Los refuerzos están en camino", aseguró su portavoz, Fawad Aman.
Amplios territorios de la provincia de Wardak y de la vecina provincia de Logar, estratégicas para entrar en Kabul, son controlados o están en disputa desde hace años por parte de los talibanes.
Intensos combates
La principal carretera que une Kabul con el antiguo bastión insurgente de la provincia de Kandahar, en el sur, ha sido escenario de intensos combates en las últimas semanas.
Los combatientes talibanes rodean cada vez más los grandes centros urbanos, lo que da lugar a especulaciones de que esperan la retirada de las tropas estadounidenses en Afganistán para lanzar grandes ofensivas contra las ciudades.
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La toma del distrito se produce antes que entre en vigor el jueves un alto el fuego de tres días con motivo del Aíd al Fitr, la fiesta musulmana que marca el final del Ramadán. El alto el fuego fue acordado por los talibanes y el gobierno afgano.
En años anteriores, el alto el fuego se respetó en gran medida. Se trata de una forma para los dirigentes talibanes de demostrar que controlan las múltiples facciones.
Afganistán vive un recrudecimiento de la violencia desde el 1 de mayo, fecha en la que Estados Unidos debía en teoría haber retirado los 2 mil 500 soldados que todavía tiene desplegados.
En la provincia de Helmand (sur) se produjeron intensos combates que obligaron a huir a miles de habitantes y el ejército estadounidense mandó refuerzos para apoyar a las fuerzas afganas.
El 8 de mayo, más de 50 personas murieron y unas 100 resultaron heridas en un barrio chiita hazara, en el oeste de la capital, tras una serie bombas que estallaron a la salida de una escuela de niñas. Fue el ataque más mortífero en un año.
El lunes, al menos 11 personas murieron por la explosión de una bomba al paso de un autobús en la provincia de Zabul (sur).
El ejército estadounidense anunció el martes que había avanzado entre un 6 y un 12 por ciento en su retirada de Afganistán, que debe completarse antes del 11 de septiembre.
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