De Groenlandia al Mediterráneo, pasando por una base militar en California, Praxis buscó durante años el lugar donde materializar una de las apuestas más ambiciosas de la nueva economía tecnológica: construir una comunidad física para una era en la que la inteligencia artificial podría cambiar para siempre la relación entre trabajo, riqueza y sociedad. El destino elegido fue Uruguay.
Después de recorrer distintas partes del mundo, la comunidad tecnológica liderada por el estadounidense Dryden Brown anunció que eligió Uruguay para desarrollar su primera sede física a escala urbana.
El proyecto se integrará a +Colonia, el desarrollo inmobiliario que impulsa el empresario argentino Eduardo Bastitta en las cercanías de Colonia del Sacramento.
“La gira mundial ha concluido: hemos elegido Uruguay”, anunció Brown.
La frase resume el final de una búsqueda, pero también abre una pregunta mucho más compleja: ¿qué clase de ciudad se puede construir cuando sus habitantes no solo comparten una ubicación geográfica, sino una determinada visión sobre tecnología, economía y futuro?
Una ciudad diseñada para el mundo después de la IA
Praxis nació como una comunidad digital alrededor de una idea provocadora: si la inteligencia artificial está a punto de transformar profundamente la economía, el trabajo y la creación de riqueza, entonces también habrá que replantear los espacios físicos donde las personas viven, trabajan y construyen comunidad.
La organización se presenta como una comunidad global de emprendedores, artistas, investigadores y creadores vinculados a nuevas tecnologías. Actualmente afirma reunir a más de 150.000 miembros.

Pero el proyecto tiene una particularidad: no quiere quedarse en internet.
Su siguiente paso es convertir una comunidad digital en una comunidad territorial.
La primera fase de Praxis Uruguay contempla un barrio frente al agua, residencias privadas, un resort y espacios destinados al arte y la música. La propia organización describe el proyecto como el comienzo de una ciudad que pretende reunir viviendas, espacios compartidos, cultura y actividad económica en un mismo ecosistema.
La apuesta conecta dos mundos que durante años parecieron avanzar por separado: la economía digital y el urbanismo.
Hasta ahora, Silicon Valley construyó plataformas capaces de conectar millones de personas sin necesidad de compartir un territorio. Praxis plantea la hipótesis contraria: quizá la próxima gran innovación social no sea una plataforma virtual, sino un lugar físico diseñado para quienes ya viven conectados.
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¿Una smart city, una startup city o algo diferente?
Aquí comienza la parte más interesante —y también más difícil de definir— del experimento.
+Colonia no se plantea simplemente como un barrio residencial de lujo. Bastitta lo describe como una startup city, un modelo de urbanización de gran escala que combina planificación urbana, inversión privada, tecnología y comunidad.
El empresario argentino, quien fue vinculado políticamente al entorno de Javier Milei y participó en su antiguo consejo de asesores económicos, ha definido al desarrollo como una smart city y como un proyecto de inspiración libertaria.
Sin embargo, una precisión resulta fundamental: no se trata, al menos según las declaraciones públicas de sus impulsores, de una ciudad-Estado jurídicamente independiente de Uruguay.
Bastitta ha señalado que +Colonia funcionará bajo el marco institucional uruguayo y que será una expansión urbana integrada a Colonia. Praxis, por su parte, utiliza conceptos como “nación digital” y ha planteado históricamente la idea de construir nuevas instituciones y formas de organización.
Esa diferencia entre la retórica de una “nación digital” y la realidad jurídica de una urbanización será uno de los elementos centrales para seguir el proyecto.
Porque construir edificios es relativamente sencillo.
Construir una nueva forma de convivencia dentro de las reglas de un Estado existente es otra historia.

Del Mediterráneo a Uruguay: la geografía también es tecnología
La elección de Uruguay no parece responder únicamente a una cuestión inmobiliaria.
Praxis evaluó distintos destinos antes de llegar al Río de la Plata. Entre las alternativas consideradas estuvieron zonas del Mediterráneo y Groenlandia. También exploró la posibilidad de instalarse en California.
Finalmente, Uruguay apareció como una combinación difícil de replicar: territorio disponible, costa, estabilidad institucional, cercanía con Buenos Aires y conexión con Montevideo.
La ubicación de +Colonia añade otro ingrediente.
Buenos Aires queda al otro lado del Río de la Plata. Montevideo está a pocas horas. Colonia del Sacramento aporta turismo, patrimonio y una escala urbana mucho menor que las grandes capitales latinoamericanas.
Para los impulsores del proyecto, esa combinación puede convertirse en una ventaja competitiva.
La ciudad del futuro, en esta versión, no necesita estar aislada del mundo.
Puede estar a una orilla de distancia de una de las grandes capitales culturales de Sudamérica.

El número que explica la ambición: USD 1.000 millones
El proyecto +Colonia comenzó a desarrollarse en 2022 y contempla una inversión proyectada cercana a USD 1.000 millones.
La llegada de Praxis añade una dimensión internacional a la iniciativa y convierte al Río de la Plata en escenario de una apuesta que mezcla bienes raíces, tecnología, inteligencia artificial, criptoeconomía y nuevas formas de comunidad.
Bastitta asegura contar con alrededor de USD 290 millones comprometidos.
Praxis, por su parte, ha señalado que comenzaría a adquirir terrenos dentro del desarrollo hacia finales de 2027, por lo que buena parte de la magnitud anunciada todavía corresponde a una hoja de ruta de desarrollo y no a capital ya desplegado físicamente.
Esa distinción importa. En la economía de las grandes promesas tecnológicas, una inversión proyectada no equivale a una inversión ejecutada.
El verdadero indicador del éxito del proyecto no será solamente el monto anunciado, sino la capacidad de transformar ese capital en infraestructura, empresas, empleos, residentes permanentes, servicios y actividad económica sostenible.

De 150.000 usuarios a una ciudad de "carne y hueso"
Existe una paradoja fascinante en el corazón de Praxis: su comunidad nació en internet, pero ahora necesita calles.
Durante años, las grandes plataformas tecnológicas trabajaron bajo una premisa sencilla: cuanto más digital se volvía la vida, menos importante parecía el lugar físico.
Praxis parte de una hipótesis diferente.
Sus fundadores consideran que la tecnología puede hacer que la interacción digital sea más poderosa, pero que la comunidad humana sigue necesitando espacios físicos donde encontrarse, crear confianza y desarrollar vínculos.
Por eso el proyecto no se limita a construir viviendas.
La propuesta incluye espacios para música, arte, fotografía, cine, restaurantes, galerías, talleres, parques, jardines, plazas y actividades sociales.
La intención es crear una infraestructura para una comunidad, no simplemente un conjunto de apartamentos.
En palabras de Bastitta, el objetivo es crear una comunidad y no un country.

La arquitectura como declaración ideológica
Praxis tampoco parece querer que su ciudad se parezca a un parque tecnológico convencional.
Su estética apuesta por una reinterpretación contemporánea del clasicismo: piedra, bronce, agua y referencias a la arquitectura racionalista italiana.
En lugar del vidrio infinito y el acero que durante décadas representaron visualmente al futuro tecnológico, Praxis parece apostar por otra imagen.
Una ciudad que quiere hablar de futuro utilizando símbolos del pasado.
La contradicción es deliberada.
Mientras la inteligencia artificial empuja a la sociedad hacia territorios cada vez más virtuales, el proyecto propone edificios permanentes, materiales duraderos y espacios físicos pensados para resistir generaciones.
La tecnología cambia rápido. La arquitectura, por definición, permanece.
Ese contraste está en el centro de la identidad de Praxis.

Dryden Brown: el surfista que quiere construir una civilización
La historia personal de Dryden Brown parece escrita para una novela sobre Silicon Valley.
Tiene 30 años, creció en Santa Barbara, California, y fue surfista profesional. Estudió en casa durante su adolescencia mientras entrenaba en el mar y, según ha contado, durante esos años leyó a Ayn Rand y a economistas de la escuela austríaca.
Ingresó a New York University, aunque abandonó los estudios antes de graduarse.
Trabajó posteriormente como analista en un fondo de inversión y, tras perder ese empleo, comenzó a desarrollar junto a Charlie Callinan las ideas que terminarían desembocando en Praxis.
En 2019 viajaron a Ghana y Nigeria buscando desarrollar proyectos financieros. Más tarde, mientras Brown surfeaba en Puerto Rico, ambos comenzaron a imaginar una compañía dedicada a crear nuevas ciudades.
El proyecto evolucionó. Primero fue Bluebook Cities. Después llegó Praxis.
Y aquella idea de construir comunidades tecnológicas terminó convirtiéndose en una ambición mucho mayor: crear una ciudad para una civilización posterior a la inteligencia artificial general.

La conexión con el dinero de Silicon Valley
Praxis tampoco surgió desde cero. La compañía consiguió respaldo financiero de actores relevantes del ecosistema tecnológico y cripto. Entre sus inversores iniciales figuró Apollo Projects, un fondo relacionado con Sam Altman, CEO de OpenAI, además de Alameda Research, la firma vinculada al empresario cripto Sam Bankman-Fried.
En 2024 Praxis anunció una línea de financiamiento por hitos de USD 525 millones, de los cuales USD 500 millones correspondían a un acuerdo con GEM Digital.
Ese historial financiero ayuda a explicar por qué la propuesta dejó de ser una especulación arquitectónica para convertirse en un proyecto con capacidad de buscar terrenos, desarrollar infraestructura y atraer residentes.
Pero también aumenta el escrutinio. Cuando una empresa tecnológica comienza a hablar de ciudades, gobernanza, nuevas instituciones y reorganización social, deja de ser únicamente una startup.
Se convierte en un experimento político, económico y urbano, aunque sus promotores insistan en que operará dentro del marco legal existente.
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La gran pregunta: ¿qué pasa cuando la IA cambia el trabajo?
Aquí está el verdadero núcleo intelectual del proyecto.
Brown ha formulado una pregunta que va mucho más allá de Praxis:
si la inteligencia artificial transforma radicalmente el trabajo humano, ¿qué harán las personas con su tiempo, su creatividad y su necesidad de propósito?
Durante la revolución industrial, las ciudades cambiaron porque cambió el trabajo.
Durante la revolución digital, la economía cambió porque cambió la información.
La revolución de la inteligencia artificial podría alterar ambas cosas simultáneamente.
Si las máquinas pueden realizar una proporción creciente de las tareas cognitivas, entonces la discusión dejará de ser únicamente cuánto empleo desaparecerá.
También habrá que preguntar: ¿Qué nuevas instituciones aparecerán, ¿cómo se distribuirá la riqueza?, ¿cómo se organizarán las comunidades?, ¿qué dará sentido al trabajo?, ¿dónde vivirán las personas?
Y quizá la pregunta más radical:¿Cómo será la ciudad cuando trabajar ya no sea el centro de la vida humana?
Por ahora, para ensayar ese futuro, la elección de Praxis ha sido Sudamérica, específicamente el Uruguay, desde donde podría expandirse al resto del planeta.
