El llamado "mal de ojo" es una creencia popular muy extendida en distintas culturas, especialmente en Latinoamérica y otras regiones del mundo que se asocia principalmente a bebés y niños que, tras recibir una supuesta "mirada cargada de energía negativa", comienzan a presentar malestares sin una causa médica evidente.
Sin embargo, es importante señalar que no existe evidencia científica que respalde esta condición como una enfermedad real.
De acuerdo con estudios sobre tradiciones populares, esta creencia tiene raíces históricas que se remontan incluso a la Edad Media, cuando se relacionaba el estado de salud de las personas con teorías antiguas como la de los cuatro humores del cuerpo: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra.
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Según estas ideas, un desequilibrio podía provocar enfermedades o cambios en el comportamiento.
Síntomas de mal de ojos en niños
En la actualidad, el mal de ojo se interpreta más como una explicación cultural a ciertos síntomas que pueden aparecer en los niños sin una causa inmediata visible.
Entre los signos que comúnmente se le atribuyen se encuentran el llanto constante, la falta de apetito, alteraciones del sueño, diarrea, vómitos, irritabilidad y una aparente baja en las defensas.

A pesar de estas creencias, los especialistas en salud recomiendan no atribuir estos síntomas únicamente al mal de ojo, ya que pueden estar relacionados con infecciones, alergias u otras condiciones médicas que requieren diagnóstico profesional.
Por ello, ante cualquier malestar persistente en un menor, lo más importante es acudir a un médico.
Prácticas para evitar y curar el mal de ojos
En muchas familias, como parte de la tradición, se utilizan prácticas simbólicas como colocar pulseras rojas en la muñeca del bebé para "protegerlo" del mal de ojo.
En Honduras persisten costumbres más elaboradas dentro de estas creencias. En algunos casos, los padres llevan al niño o bebé considerado "ojeado" donde personas reconocidas como "especialistas" en estas prácticas o curanderos tradicionales.
Según estas creencias populares, se recurre a elementos como el huevo de gallina criolla o de corral, el cual es pasado por el cuerpo del menor junto con ramas de ruda y, en algunos casos, alcohol o aguardiente utilizado de forma ritual por quien realiza la práctica.
Posteriormente, el huevo es colocado en un vaso con agua y ruda y se deja en el lugar donde duerme el niño durante la noche.
Al día siguiente, el resultado del huevo es interpretado simbólicamente: si presenta ciertas alteraciones, se cree que el menor estaba "ojeado". Finalmente, el huevo es desechado o enterrado como parte del ritual, bajo la creencia de que el niño queda "curado".
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