Circular por las carreteras de Honduras, principalmente en el norte y occidente, representa un peligro por los derrumbes, árboles y lodo, lo mismo que por los daños en las vías a causa de las intensas lluvias que dejaron las tormentas tropicales Eta y Iota en noviembre.
A más de un mes del paso de los fenómenos, muchos pasos en carreteras importantes y secundarias están habilitados parcialmente con solo un carril porque el otro fue arrastrado por las descomunales crecidas de ríos caudalosos como el Ulúa y el Chamelecón, en la zona norte del país.
Uno de los departamentos del occidente hondureño es el de Santa Bárbara, en donde los municipios cercanos como Chinda, Ilama y San José de Colinas, sufrieron graves destrozos en diversos tipos de infraestructura y cultivos agrícolas de café, maíz y fríjoles.
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Cerros y montalas heridas se divisan en lo lejano
Muchos cerros y montañas de la región occidental, que además incluye los departamentos de Copán, Ocotepeque, Lempira, Intibucá y La Paz, muestran enormes grietas causadas por las lluvias.
Las tormentas Eta y Iota causaron graves destrozos, dejando además alrededor de un centenar de muertos y miles de damnificados, en su mayoría en el extenso valle de Sula.
En ambas regiones todavía hay miles de damnificados en albergues públicos y privados que funcionan en escuelas, colegios y centros comunales, entre otros espacios.

Niños pintan las casas en las que quieren vivir
Una de las mejores escuelas de educación primaria que ha tenido Honduras es la Esteban Guardiola, con más de medio siglo de existencia, es uno de los albergues en La Lima, Cortés.
En la escuela están viviendo varias familias damnificadas que perdieron todo, incluida su casa que habían construido en barrios cercanos al río Chamelecón, que junto con el Ulúa anegaron todo el valle de Sula.
En La Lima y otros sectores adyacentes todavía hay barrios en zonas bajas que están inundados de agua y lodo, mientras que en las partes altas continúa la limpieza de miles de toneladas de lodo y todo tipo de basura que dejaron las inundaciones.
En la Esteban Guardiola personal sanitario brinda asistencia a los damnificados, mientras que socorristas de la Cruz Roja juegan con los niños, quienes entre otras cosas pintan "mi casa bonita" en que quieren vivir, después de que perdieron la suya y de sus padres por las inundaciones.
"Queremos vivir felices", "queremos una casa bonita", gritan en coro los niños mientras pintan, con lápices de colores, su casa, en la que algunas se destaca un sol brillante, y luego la muestran a los socorristas, quienes los premian con una "carita feliz" pegada en la frente. La terapia les hace olvidar la desgracia que sufrieron.
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El café entre los sectores más afectados
Productores hondureños de café aseguran que su sector fue el más perjudicado, porque las intensas lluvias que descargaron Eta y Iota dejaron derrumbes que arrastraron fincas enteras, además de destruidas muchas carreteras para el acceso a las fincas.
La preocupación de muchos productores de café obedece a que el grano se está madurando y muchos no pueden acceder a las fincas, en las que la temporada de cosecha finaliza en marzo.
Los productores claman por la habilitación de carreteras y caminos para entrar a las fincas, producto que anualmente le deja un promedio de mil millones de dólares al país.
Desde carreteras importantes en el occidente de Honduras basta ver hacia las montañas para imaginarse los graves daños que dejaron las lluvias.
Como por ejemplo en el cerro La Correa, Santa Bárbara, donde un derrumbe sin muertos sepultó la aldea La Reina, donde vivían unas 100 familias, que ahora claman por un terreno para una nueva casa.
En las carreteras del centro, occidente y norte de Honduras, la mejor muestra de lo que ocurre en los cerros y montañas es el desprendimiento de enormes rocas y árboles, que en algunos casos bloquean totalmente las vías.
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