El pasado 25 de julio, Roatán recibió el Primer Encuentro Médico Internacional de Biotecnología, Biomedicina y Bioética. La jornada reunió a investigadores extranjeros, médicos hondureños, universidades, estudiantes, gremios profesionales y especialistas en regulación científica.

En la agenda figuraron la medicina de precisión, los biomarcadores del envejecimiento, las terapias celulares, la genética, el consentimiento informado y los desafíos jurídicos de la investigación biomédica.

La presencia de especialistas vinculados con Stanford, Harvard y la Universidad de Navarra despertó una pregunta inevitable: ¿Qué puede encontrar la ciencia internacional en Honduras?

La respuesta va más allá del prestigio universitario. Honduras presenta problemas de salud que necesitan investigación propia, poblaciones poco representadas en los grandes estudios internacionales, médicos con experiencia clínica directa y la posibilidad de construir una plataforma científica para Centroamérica.

Sin embargo, un encuentro, por importante que resulte, todavía no constituye un ecosistema científico.

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Honduras representa una gran oportunidad para la investigación por su múltiples desafíos. Imagen: IA.

¿Por qué investigadores internacionales miran hacia Honduras?

Un investigador no busca únicamente laboratorios sofisticados. También busca preguntas relevantes todavía sin respuesta.

Honduras reúne condiciones que podrían generar conocimiento útil sobre enfermedades tropicales, salud materno infantil, contaminación ambiental, envejecimiento, diabetes, cáncer, enfermedades cardiovasculares, genética poblacional y funcionamiento de los sistemas sanitarios con recursos limitados.

Durante el encuentro, Andrés Cárdenas explicó cómo los llamados relojes epigenéticos pueden estimar la edad biológica mediante muestras de sangre o saliva. Estas herramientas permiten estudiar si determinados factores ambientales, tratamientos o cambios en el estilo de vida aceleran o reducen procesos relacionados con enfermedades crónicas.

Claudia Carranza planteó otra razón para investigar desde Honduras: los resultados genéticos obtenidos en una población no siempre pueden trasladarse automáticamente a otra.

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Por todos sus temas no resueltos en salud, el país ofrece grandes oportunidades de investigación. Imagen: IA.

Las diferencias biológicas, ambientales, sociales y culturales obligan a producir evidencia local si se busca avanzar hacia una medicina de precisión realmente útil para los hondureños.

Eso convierte al país en algo más que un posible lugar para ejecutar estudios. Honduras puede aportar preguntas, datos, experiencia clínica y conocimiento territorial que no existen en los centros científicos del norte global.

Pero ahí también aparece el riesgo: que las instituciones extranjeras recojan datos o muestras, publiquen los resultados fuera del país y dejen a los profesionales hondureños como simples colaboradores operativos.

La oportunidad solo será beneficiosa cuando Honduras participe en la formulación de las preguntas, la dirección de los estudios, el control de los datos y la propiedad del conocimiento.

¿Qué buscan estas colaboraciones científicas?

Las redes internacionales de investigación suelen perseguir cuatro objetivos: combinar capacidades, compartir infraestructura, conseguir financiamiento y estudiar problemas que ningún grupo podría resolver por separado.

Una universidad puede aportar tecnología para analizar material genético; un hospital hondureño, acceso clínico y conocimiento sobre sus pacientes; una empresa, equipos o inversión; y una institución pública, datos epidemiológicos y capacidad para convertir los resultados en políticas de salud.

El foro de Roatán planteó precisamente la posibilidad de promover investigaciones conjuntas, publicaciones, pasantías, transferencia tecnológica y programas de formación. También abrió conversaciones sobre cómo transformar los descubrimientos científicos en herramientas médicas, inversión e impacto social.

Sin embargo, el verdadero valor no se mide por el número de logotipos colocados en una invitación. Se mide por los proyectos que sobreviven después del evento.

Una red científica comienza a existir cuando sus participantes definen una pregunta común, obtienen aprobación ética, establecen quién financiará el trabajo, distribuyen responsabilidades, acuerdan quién controlará las muestras y garantizan una participación justa en las publicaciones.

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La iniciativa de Próspera representa una gran oportunidad para el avance científico y económico para Honduras. Imagen: IA.

Las recomendaciones internacionales sobre fortalecimiento científico señalan que las colaboraciones funcionan mejor cuando existe reciprocidad, financiamiento directo para las instituciones locales, liderazgo de investigadores de los países participantes y acuerdos escritos sobre datos, recursos, costos y capacitación.

También advierten que construir capacidades sostenibles requiere varios años, no encuentros ocasionales.

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Así funcionan las redes internacionales de investigación

La primera etapa de una red empieza con una conversación entre investigadores que comparten intereses.

Después viene la construcción de un protocolo: qué se estudiará, cuántas personas participarán, qué datos se recogerán, cómo se protegerá a los pacientes y qué institución asumirá cada responsabilidad.

Luego aparecen los comités de ética, los permisos regulatorios, la búsqueda de financiamiento, la formación del personal y la preparación de laboratorios y sistemas informáticos. Finalmente, los investigadores analizan los resultados, publican los hallazgos y buscan aplicarlos en hospitales, políticas públicas o nuevas tecnologías.

En una colaboración equilibrada, los médicos hondureños no se limitan a reclutar pacientes o enviar muestras. Participan como investigadores principales, administran recursos, dirigen equipos, firman publicaciones y deciden cómo utilizar los resultados.

La propiedad de los datos resulta especialmente sensible. ¿Permanecerán en Honduras? ¿Podrán utilizarlos futuras generaciones de investigadores nacionales? ¿Quién autorizará nuevos análisis? ¿Qué beneficios recibirán las comunidades que participaron?

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Roatán está creando grandes redes globales de investigación científica. Imagen: IA.

De una conferencia a un ecosistema científico

Corea del Sur y Singapur muestran por qué un evento internacional apenas representa el primer paso.

Corea del Sur convirtió durante décadas la ciencia, la tecnología y la innovación en pilares de su desarrollo económico. Creó planes nacionales, instituciones especializadas, fondos públicos y mecanismos para vincular universidades, centros de investigación e industria. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) atribuye buena parte de su transformación a esa inversión sostenida y a su planificación de largo plazo.

Singapur inició formalmente su estrategia moderna de investigación en 1991 y desde entonces actualiza planes nacionales cada cinco años. En 2010 amplió su enfoque para conectar la investigación con la innovación, la comercialización y el crecimiento empresarial.

Ninguno de estos países construyó su prestigio mediante una sola conferencia ni atrayendo científicos para visitas breves. Lo hicieron financiando carreras científicas, laboratorios, becas, universidades, empresas tecnológicas y proyectos que atravesaron distintos gobiernos.

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Corea del Sur y Singapur son ejemplos señeros para el avance científicos y económico para los países periféricos. Imagen: IA.

Honduras parte desde una realidad diferente. El último dato disponible del Banco Mundial sitúa el gasto nacional en investigación y desarrollo en alrededor del 0,06 % del producto interno bruto en 2019, una cifra que refleja la limitada capacidad histórica para sostener investigación de largo plazo.

Por eso, atraer expertos puede abrir puertas, pero no reemplaza la inversión nacional. Un ecosistema necesita científicos con salarios estables, técnicos de laboratorio, convocatorias competitivas, equipos que reciban mantenimiento, sistemas de datos, comités de ética independientes y posibilidades reales de desarrollar una carrera sin abandonar el país.

¿Qué oportunidades se abren para los médicos hondureños?

Para los médicos hondureños, una red internacional puede convertirse en una vía de formación que difícilmente ofrece la práctica clínica cotidiana.

Puede permitirles aprender epidemiología, bioestadística, genética, bioinformática, escritura científica, manejo de ensayos clínicos y administración de proyectos. También puede facilitar pasantías, mentorías, estudios multicéntricos, publicaciones y acceso a programas de maestría, doctorado o posdoctorado.

Las oportunidades no se limitan a genetistas o especialistas en biotecnología. Pediatras, internistas, oncólogos, ginecólogos, médicos generales, microbiólogos, epidemiólogos, psicólogos, abogados y profesionales de enfermería pueden integrarse a equipos interdisciplinarios.

Los hospitales hondureños, además, podrían convertirse en lugares donde no solo se atiendan enfermedades, sino donde también se estudien sus causas, tratamientos y formas de prevención.

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El talento hondureño ha demostrado grandes aptitudes y capacidades en ciencia e investigación. Imagen: IA.

Para que eso ocurra, los médicos necesitan tiempo protegido para investigar. No basta con pedirles que trabajen en un proyecto después de cumplir turnos, consultas y guardias. También requieren acceso a bases de datos confiables, asesores metodológicos, comités éticos capacitados y pequeños fondos para desarrollar investigaciones iniciales.

Por todo esto, aunque el foro de Roatán puso sobre la mesa esas posibilidades, ahora corresponde transformarlas en convocatorias transparentes, proyectos con fechas, programas de formación y resultados verificables.