Honduras atraviesa una paradoja económica que merece una discusión más profunda que la celebración de una cifra récord.
Durante el primer semestre de 2026, el país recibió más de US$6,515 millones en remesas, recursos que representan el 53.1 % de las divisas y más de una cuarta parte del Producto Interno Bruto (PIB).
El dinero que llega desde Estados Unidos y otros países sostiene a miles de familias hondureñas, impulsa el consumo y constituye una de las principales fuentes de dólares para una economía que necesita importar buena parte de los bienes que consume.
Pero detrás de ese músculo financiero existe una pregunta estratégica para el futuro: ¿Cómo puede Honduras aprovechar las remesas sin profundizar su dependencia de ellas y, al mismo tiempo, crear las condiciones para que más hondureños produzcan riqueza dentro del país?
Para el economista hondureño Dustin Santos, la respuesta pasa por un problema que va mucho más allá de las remesas: la estructura productiva del país, la falta de empleos suficientemente remunerados, la atracción de inversión, la energía, la educación y la capacidad de aprovechar el talento que hoy se encuentra fuera de Honduras.
Honduras todavía depende de productos con poco valor agregado
Uno de los principales obstáculos para cambiar esta realidad está en la propia matriz de exportaciones hondureña.
Santos explica que el país continúa dependiendo en buena medida de productos considerados commodities, como el café, banano, palma y aceite de palma, además de actividades manufactureras en las que el precio final depende en gran medida de las condiciones del mercado internacional.

“Seguimos dependiendo de productos de muy poco valor agregado y los famosos commodities”, señaló el economista.
El problema, plantea, es que Honduras compite en esos mercados con decenas de países que producen bienes similares. Aunque existen excepciones importantes, como el café y el tabaco hondureños, el desafío continúa siendo pasar de una producción básica a otra capaz de incorporar mayor tecnología, conocimiento y valor.
La diferencia es fundamental.
No es lo mismo vender una materia prima que vender un producto terminado con una marca, tecnología, diseño, investigación o procesamiento desarrollado dentro del país.
En el primer escenario, buena parte del precio está determinada por el mercado internacional.
En el segundo, el conocimiento y la innovación permiten capturar una porción mayor del valor.
El país no solo exporta productos: también exporta mano de obra
Aquí aparece uno de los puntos centrales de la conversación.
Honduras no solamente exporta café, banano, aceite de palma o manufacturas. También exporta trabajadores.
Miles de hondureños han emigrado buscando mejores ingresos y oportunidades. En Estados Unidos, muchos han encontrado mercados laborales más productivos y han logrado construir un patrimonio que posteriormente les permite enviar dinero a sus familias en Honduras.

Santos considera que esa dinámica ha generado una dependencia particular: mientras el país mantiene una estructura exportadora relativamente básica, una parte de su población económicamente activa produce riqueza en el extranjero.
“Somos un país que además de exportar productos básicos, también ha exportado mano de obra que en otros países como Estados Unidos sí han generado riqueza”, explicó.
¿Qué pasaría si parte de ese talento regresara con experiencia y capital?
El debate adquiere una nueva dimensión ante el posible retorno de decenas de miles de hondureños desde Estados Unidos.
Santos estima que podrían retornar alrededor de 50,000 a 60,000 hondureños, una cifra que representa solo una parte de los cerca de un millón de hondureños que viven en Estados Unidos.
Por ello, considera que el efecto sobre las remesas no necesariamente sería inmediato ni proporcional al número de retornados.
Pero existe otro elemento que podría resultar mucho más importante: el perfil de quienes regresen.
Una persona que ha trabajado durante años en una industria estadounidense puede volver con conocimientos técnicos, experiencia empresarial, contactos y nuevas capacidades.
Y algunos podrían regresar no solamente buscando empleo, sino con la intención de crear empresas y generar puestos de trabajo.
La pregunta entonces cambia:
¿Está Honduras preparada para recibir ese capital humano y convertirlo en producción?
El clima de negocios ha mejorado, pero todavía falta mucho
Santos considera que Honduras presenta actualmente un clima de negocios mejor que el observado en 2024 y 2025.
Entre los elementos favorables menciona los esfuerzos para facilitar líneas de crédito dirigidas a pequeñas empresas, la reducción de las tasas de interés dentro del sistema financiero y una recuperación gradual de espacios de credibilidad internacional.
También señala avances en la relación geopolítica y comercial con Estados Unidos.
Sin embargo, advierte que mejorar el ambiente de negocios no significa que los problemas estructurales estén resueltos.
El país necesita convertir esas señales positivas en una estrategia sostenida de largo plazo.
Porque un hondureño que regresa con experiencia empresarial puede tener capital y conocimiento, pero si encuentra obstáculos para abrir una empresa, costos elevados, infraestructura deficiente o un suministro energético poco confiable, sus posibilidades de éxito disminuyen.
¿Cómo puede Honduras reducir su dependencia de las remesas?
La pregunta no tiene una respuesta inmediata.
Santos considera poco realista pensar que Honduras se convertirá de la noche a la mañana en una economía netamente exportadora.
El país es eminentemente importador y necesita dólares para adquirir productos y servicios del exterior.
Por eso, el objetivo no necesariamente debe ser dejar de importar, sino generar suficientes fuentes de divisas para financiar esas importaciones sin depender principalmente de las remesas.

Hay países pequeños que importan buena parte de lo que consumen y, aun así, cuentan con economías altamente competitivas porque se especializaron en actividades de elevado valor agregado.
Ese es precisamente uno de los caminos que Honduras tendría que explorar.
No se trata solamente de exportar más, se trata de exportar mejor.
Más exportaciones no siempre significan más valor. Este punto resulta especialmente importante para entender el desafío.
Un país puede incrementar el volumen de sus exportaciones y, aun así, no transformar profundamente su estructura productiva.
Por ejemplo, si un producto aumenta de precio en los mercados internacionales, el valor total exportado puede crecer aunque el país no haya aumentado proporcionalmente su productividad.
Santos menciona el caso del café y los precios históricos registrados durante 2025 como un ejemplo de esta dinámica.
Por ello, el reto consiste en que Honduras no dependa exclusivamente de ciclos favorables de precios internacionales.
La estrategia debería orientarse a desarrollar productos y servicios cuyo valor dependa cada vez más del conocimiento, la tecnología, la innovación y la capacidad productiva nacional.
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El nearshoring puede ser una oportunidad que Honduras todavía no aprovecha completamente
Después de la pandemia, la reorganización de las cadenas globales de suministro abrió una oportunidad para países cercanos al principal mercado mundial: Estados Unidos.
El fenómeno conocido como nearshoring permite que empresas estadounidenses y de otros países trasladen parte de sus operaciones hacia territorios más próximos a sus mercados de consumo.
Honduras tiene una ventaja geográfica evidente.
Sin embargo, Santos señala que países como México y Guatemala han conseguido aprovechar mejor esta oportunidad.
Para Honduras, atraer empresas extranjeras no debería significar únicamente conseguir nuevas fábricas.
El objetivo debería ser atraer inversiones que incorporen tecnología, capacitación, cadenas de proveedores locales y empleos de mayor productividad.
De esa manera, la inversión extranjera podría contribuir también a formar talento hondureño y generar capacidades que posteriormente puedan reproducirse dentro de la economía nacional.
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La educación necesita conectarse con el mercado laboral
Pero existe otro problema menos visible y posiblemente igual de importante: la desconexión entre lo que estudian los hondureños y lo que realmente necesita el mercado laboral.
Santos cuestiona la excesiva valoración social de los títulos universitarios frente a la formación técnica y los oficios especializados.
“Honduras sigue con esa nostalgia del título”, plantea.
El problema no está en estudiar una carrera universitaria.
El problema aparece cuando el sistema educativo produce profesionales para actividades que el mercado no demanda en suficiente cantidad, mientras sectores productivos enfrentan dificultades para encontrar trabajadores con determinadas habilidades técnicas.

Las carreras técnicas y los oficios especializados pueden ofrecer una ruta más rápida hacia el empleo y la productividad.
Por eso, una política de desarrollo debería preguntarse no solamente cuántos jóvenes se gradúan, sino también:
¿Cuántos consiguen empleos relacionados con lo que aprendieron?, ¿Cuántos reciben salarios suficientes para construir un patrimonio?, ¿Cuántos terminan creando empresas?.
Esas preguntas permiten medir el verdadero impacto económico de la educación.
El talento que emigra también puede convertirse en una ventaja
Santos plantea una idea interesante: la migración no necesariamente debe ser vista como un fenómeno negativo en sí mismo.
Los países desarrollados también envían estudiantes, profesionales e investigadores al extranjero para adquirir conocimientos.
La diferencia está en lo que ocurre después.
Un país con una estrategia de capital humano puede ofrecer incentivos para que esos profesionales regresen y apliquen lo aprendido.
El problema hondureño, según el economista, es que muchas veces la migración se convierte en una salida permanente.
En lugar de enviar talento para especializarlo y posteriormente atraerlo de regreso, Honduras ha terminado expulsando mano de obra porque no existen suficientes oportunidades para aprovecharla.
La clave estaría entonces en construir un puente entre formación, experiencia internacional y retorno productivo.
¿Qué debería hacer Honduras para aprovechar las remesas y el talento?
La respuesta exige varias políticas funcionando simultáneamente.
1. Transformar la matriz productiva
Honduras necesita pasar gradualmente de productos básicos a bienes y servicios con mayor contenido tecnológico, conocimiento y valor agregado.
2. Resolver el problema energético
Un suministro eléctrico confiable y competitivo es una condición transversal para atraer inversión, desarrollar empresas y aumentar la productividad.
3. Mejorar el clima de negocios
Facilitar crédito, reducir obstáculos para emprender, fortalecer la seguridad jurídica y mantener reglas claras puede hacer que el capital hondureño y extranjero encuentre más razones para invertir.
4. Aprovechar el retorno de trabajadores
Los hondureños que regresen pueden representar una fuente de experiencia, conocimientos y capital. La política pública debería facilitar que quienes quieran emprender puedan hacerlo.
5. Conectar educación y empleo
Las universidades, centros de formación técnica y empresas necesitan una relación más estrecha para identificar cuáles son las habilidades que realmente demanda la economía.
6. Utilizar la diáspora como una red de conocimiento
Los hondureños que viven en Estados Unidos pueden aportar mucho más que remesas: contactos, tecnología, experiencia, inversión y acceso a mercados.
7. Apostar por el nearshoring
La ubicación geográfica de Honduras puede convertirse en una ventaja si se acompaña de infraestructura, energía, seguridad jurídica, capacitación y condiciones competitivas.
8. El verdadero desafío no es recibir menos remesas, sino necesitarlas menos
Las remesas no son el problema.
Para millones de familias hondureñas son una fuente fundamental de ingresos y una herramienta que permite mejorar sus condiciones de vida.
El riesgo aparece cuando el país confunde estabilidad con desarrollo.
Las remesas pueden sostener el consumo, aportar divisas y ayudar a las familias. Pero no pueden reemplazar indefinidamente una economía productiva capaz de generar empleos bien remunerados dentro de sus propias fronteras.
El objetivo tampoco debería ser que Honduras deje de recibir dinero de sus migrantes.
Sería poco realista y, además, perjudicaría a las familias que dependen de esos recursos.
El desafío es mucho más ambicioso: que una proporción cada vez mayor de la riqueza hondureña se genere dentro de Honduras.
