El diagnóstico de Alejandro Kaffati, oficial de Política Económica del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), no deja espacio para el optimismo: Honduras es el país de Centroamérica con el porcentaje más alto de hogares en pobreza.

Una realidad que, lejos de mejorar, empuja a miles de familias a sobrevivir entre la informalidad, la falta de oportunidades y la migración forzada.

“El país continúa generando más empleos en la informalidad que en la formalidad, y eso solo alimenta un círculo vicioso de pobreza y desigualdad”, afirmó.

La consecuencia, agregó, es un clima de desesperanza que impulsa a los hondureños a buscar en otros países lo que su propia tierra no les ofrece: estabilidad y futuro.

Dependencia de remesas, un modelo insostenible en la pobreza

Kaffati advirtió que la pobreza en Honduras se sostiene sobre una base frágil: la dependencia de las remesas familiares.

“Seguimos siendo un país que depende de las remesas y de la inversión extranjera, y ningún país puede salir adelante sin fortalecer su inversión privada, tanto nacional como internacional”, explicó.

Las remesas, que representan más del 25 % del Producto Interno Bruto (PIB), se convirtieron en el principal motor de consumo de los hogares, pero no generan desarrollo estructural ni empleo sostenido.

“Son un alivio momentáneo, pero no una solución duradera”, resumió el analista.

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Crecimiento que no se traduce en bienestar

A pesar de que el Gobierno destaca cifras macroeconómicas positivas, Kaffati sostiene que el crecimiento no garantiza empleos dignos ni reducción de la desigualdad.

“Tenemos tasas de crecimiento que no están generando empleo formal. Cuando analizamos los datos a detalle, vemos sectores rezagados y una economía que no despega”, afirmó.

El analista evitó entrar en el debate sobre la afirmación oficial de que más de un millón de personas salieron de la pobreza, pero fue claro: alrededor de seis millones de hondureños aún viven en condiciones precarias.

“Mientras no se creen las condiciones para reactivar la economía y generar nuevos puestos de trabajo, la pobreza seguirá golpeando con fuerza y la desigualdad aumentará”, advirtió.

Un futuro incierto si no hay reformas económicas

Desde la empresa privada, el panorama no es alentador. Kaffati considera que el próximo gobierno que resulte de las elecciones generales del próximo 30 de noviembre deberá colocar la agenda económica como prioridad si pretende recuperar la estabilidad de Honduras.

“En los últimos tres o cuatro años no hemos generado propuestas concretas para crear empleo, reactivar la economía o controlar el endeudamiento”, lamentó.

El endeudamiento nacional ya supera los 17 mil millones de dólares, y la falta de políticas públicas sostenibles limita la capacidad de reacción del Estado.

Sin inversión, sin planificación y sin reformas estructurales, Honduras seguirá siendo el más rezagado de la región.

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Pobreza y desigualdad: heridas abiertas en Centroamérica

En el contexto regional, Honduras representa el rostro más duro de la pobreza en Centroamérica.

Es una región marcada por la desigualdad, pero donde los indicadores hondureños sobresalen por su gravedad.

La falta de oportunidades, la baja productividad y el desempleo juvenil son los principales motores de esa brecha.

“Mientras no generemos condiciones para reactivar la economía, no seremos capaces de reducir la desigualdad”, sentenció Kaffati.

La advertencia es clara: si no se rompe el ciclo de pobreza y dependencia, Honduras seguirá siendo el reflejo más crudo de la inequidad centroamericana.

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