"Hasta que la muerte los separe", son las palabras que un sacerdote dice a cada pareja el día de su boda, pero hay casos en que esa barrera se rompe y se convierte en ¡amor eterno!
Este es el caso de Manolo Méndez, de 92 años, quien cada día visita la tumba de su esposa, quien falleció hace más de 8 años, en el cementerio de San Mauro, Pontevedra, España.
Alrededor del mediodía, Manolo, acompañado de su hija Mila, llega al camposanto donde descansa su esposa Eladina, a quien él llama María, saca su silla plegable, se sienta frente a su nicho por alrededor de media hora y plática con ella, contó la hija de ambos.
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"Antes venía él solo, pero a raíz de que empezó a perder la vista le acompaño yo… a veces habla con ella, otras veces solo se queda sentado en silencio", relató.
Su esposa murió en 2014 después de una lucha contra el alzhéimer; con ella tuvo 9 hijos.
Mila aseguró que esta costumbre para ellos es 'como ir a tomar café' y que, aunque esperan que su padre viva hasta los 100 años o más, el día que él ya no pueda visitar a su amada, ella lo hará.
"Como venimos a diario, para nosotros cada día es especial", señaló don Manolo, quien no puede evitar emocionarse al decir que echa de menos a su ¡amor eterno!
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