El 28 de mayo de 2009, a las 2:24 a.m., un potente terremoto con epicentro en el Mar Caribe, a 64 km al noreste de Roatán, sacudió Honduras. El sismo duró 30 segundos y se sintió también en Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Belice y algunas zonas de México.
La fuerza sísmica dejó de 7 personas fallecidas, más de 100 heridos y múltiples daños importantes en infraestructura, incluyendo la caída del Puente La Democracia en El Progreso y las fisuras del palacio de la Corte Suprema de Justicia en San Pedro Sula.
Sombras y presencias misteriosas
Más allá de los daños materiales, decenas de personas relataron experiencias extrañas durante la madrugada de ese día. Algunos aseguraron ver figuras blancas, sombras y mujeres misteriosas dentro de sus hogares, mientras que otros describieron sueños inquietantes justo antes del sismo.
En Roatán, la inusual retirada del mar generó alarma en los isleños por un posible tsunami, y los vecinos se vieron obligados a rezar en la playa.
Estas historias han permanecido en la memoria de quienes las vivieron, combinando el terror con lo inexplicable. Para algunos fueron simples coincidencias, pero otros creen que las presencias eran advertencias o señales sobrenaturales.
Estos relatos resurgen veinte años después, recordando una madrugada marcada por el pánico, la destrucción y el misterio que dejaron una huella imborrable en la memoria colectiva del país.
Daños y afectaciones
Según la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco), unas 3.000 viviendas resultaron afectadas y 27 puentes o vados sufrieron daños, además de la rotura de un cable de fibra óptica que causó problemas regionales en la red de internet.
Los expertos dijeron que la dispersión poblacional ayudó a reducir el número de víctimas, aunque el terremoto activó varias fallas tectónicas internas, causando un impacto de aproximadamente US$100 millones en daños materiales.

