El creador de contenido y filántropo japonés Shin Fujiyama compartió un curioso descubrimiento durante su visita al occidente de Honduras: una iglesia católica cuyos constructores utilizaron claras de huevo como parte de la mezcla para levantar sus paredes.
A través de un video que publicó en sus redes sociales, Fujiyama mostró el templo de San Francisco de Cones, ubicado en el municipio de Sensenti, departamento de Ocotepeque.
“Esta iglesia en Honduras es hecho de un huevo, gente, no de cemento. Créeme, yo tampoco podía creer eso”, expresó el influencer mientras recorría el lugar.
Iglesia construida con claras de huevo en Ocotepeque
Durante su visita, el japonés explicó que los habitantes utilizaron una mezcla de cal y claras de huevo para preparar el mortero que permitió unir los ladrillos de la edificación.
“Lo mezclaron cal con huevo, clara de huevo y por eso hicieron ese mortero y así se pegaron los ladrillos en toda la iglesia”, relató.
Incluso, Shin se acercó a una de las paredes para observar su textura y comprobar cómo lucía el material.
Sin embargo, lo que más llamó su atención fue conocer qué hicieron los pobladores con las yemas que sobraron durante la construcción.
El curioso destino de las yemas de huevo
Según contó Fujiyama, los habitantes aprovecharon las yemas para preparar pan, uno de los productos tradicionales de la gastronomía hondureña.
“¿Y qué hicieron con la yema de huevo? Eso fue mi pregunta más importante”, comentó.
Posteriormente, aseguró que los pobladores prepararon pan de yema para compartir y vender en diferentes lugares de Ocotepeque.
Esta explicación forma parte del relato que compartió el influencer; no hay documentación independiente citada que confirme el destino de las yemas.
Historia de la iglesia de San Francisco de Cones en Honduras
La iglesia de San Francisco de Cones comenzó a construirse en 1938 y su edificación tardó más de 25 años, bajo la dirección del sacerdote José Héctor Melara Molina.
Registros históricos divulgados en 2019 señalan que los pobladores participaron directamente en los trabajos y utilizaron una mezcla de plantas, arena, cal y claras de huevo para unir los ladrillos.
La construcción representa parte del patrimonio religioso y arquitectónico de Ocotepeque.
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