El jueves 10 de septiembre de 2026, a las 11:46 de la mañana, la rutina de millones de hondureños se interrumpió de golpe. En cuestión de segundos, los semáforos se apagaron, los comercios quedaron a oscuras y las industrias detuvieron sus máquinas.
Lo que a simple vista parecía un apagón común y corriente era, en realidad, un colapso total del Sistema Interconectado Nacional.
Un informe de 14 páginas del Centro Nacional de Despacho (CND) revela la anatomía de este incidente: un verdadero efecto dominó que comenzó a miles de kilómetros de distancia y se propagó por la red eléctrica centroamericana hasta dejar a Honduras a oscuras.
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El 30% de la energía era suministrada por fuentes renovables
Para entender cómo se cayó la red, hay que observar cómo funcionaba el sistema minutos antes del colapso. De acuerdo con el informe del CND, a las 11:46 a.m., la demanda eléctrica de Honduras alcanzaba los 1,836.47 megavatios (MW), sostenida por una producción nacional de 1,818.90 MW y pequeños intercambios de energía con los países vecinos.
El sistema operaba bajo una aparente tranquilidad, pero técnicamente se encontraba en una posición de alta fragilidad. Alrededor del 30% de la energía consumida en ese momento, casi 500 MW, provenía de fuentes renovables, como la solar y la eólica.
Si bien se trata de energía limpia, estas tecnologías carecen de la inercia síncrona que aportan las grandes plantas convencionales para estabilizar el sistema ante sacudidas repentinas.
Esto quiere decir que ante un fallo repentino las fuentes renovables interrumpen de inmediato el suministro, mientras que las grandes plantas convencionales (hidroeléctricas o térmicas) siguen girando y proveyendo energía temporalmente.
A esto se sumaba un dato crítico: la reserva de potencia convencional disponible en las plantas del país era de apenas un 1% de la demanda total. Sin un colchón de respaldo suficiente, cualquier perturbación externa amenazaba con tumbar el sistema.
Caída del sistema ocurrió en México y Guatemala
El desencadenante no ocurrió en suelo hondureño. A las 11:46:20 a. m., se registró el primer choque en el Sistema Eléctrico Regional (SER): la desconexión imprevista de la línea de interconexión internacional entre México y Guatemala.
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Al cortarse el flujo desde México, el sistema eléctrico guatemalteco sufrió un severo déficit instantáneo de energía. Como la red centroamericana está interconectada como una sola gran tubería, el bloque sur de la región, integrado por Nicaragua, Costa Rica y Panamá, reaccionó de inmediato para enviar energía de auxilio hacia el norte. Toda esa corriente de emergencia tuvo que atravesar las líneas de transmisión de Honduras.
El sobreesfuerzo de las plantas nacionales
Al sentir el impacto regional, las centrales de generación de Honduras respondieron automáticamente para intentar sostener la frecuencia. Las plantas nacionales inyectaron más de 80 MW adicionales de potencia activa en un intento por estabilizar la red regional.
Sin embargo, la exigencia fue excesiva. Debido a la presión de la corriente que cruzaba el país y a la falta de reservas, varias unidades generadoras térmicas e hidroeléctricas en Honduras sufrieron sobreexcitación y pérdida de sincronismo.
Una a una, algunas de las plantas clave comenzaron a dispararse y salir de servicio, agravando aún más el déficit en el bloque norte integrado por Guatemala, El Salvador y Honduras.
Con las plantas hondureñas saliendo de servicio, la cantidad de energía que intentaba subir desde el sur hacia el norte se volvió incontrolable. A las 11:47:13 a.m., apenas 53 segundos después del primer evento, la corriente por las líneas que unen a Honduras con Nicaragua superó los límites de seguridad.
Los sistemas de protección automática en suelo nicaragüense actuaron para salvar su propia red y abrieron la línea L617, desconectando a Nicaragua de Honduras.
Ese aislamiento fue el golpe definitivo. Al quedar desconectado del sur y con sus propias plantas fuera de combate, el bloque norte colapsó. La frecuencia eléctrica en Honduras cayó en picada hasta un nivel crítico de 58.56 hertz.
Los esquemas automáticos de desconexión botaron más de 452 MW de carga en todo el país en un intento desesperado por estabilizar la red, pero fue en vano.
A las 11:47 AM, Honduras sufrió un "cero eléctrico": la pérdida del 100% de la generación y la demanda nacional.
El Cajón enciende la luz en el país
Con el país sumido en un apagón total, inició la carrera contra el tiempo para encender el sistema desde cero. A las 11:51 a.m., apenas cuatro minutos después del colapso, los ingenieros de la Central Hidroeléctrica Francisco Morazán (El Cajón) iniciaron el protocolo de arranque en negro (blackstart).
El Cajón actuó como el gran corazón que volvió a inyectar voltaje a las arterias de la red eléctrica nacional:
- 11:57 a.m.: Se enviaron las primeras señales de tensión hacia El Progreso para recuperar la zona norte.
- 12:30 p.m.: Se energizó la red hacia la zona central.
- 1:00 p.m.: Se envió tensión hacia la zona sur; a esta hora ya se había restablecido el 50% de la energía del país.
- 1:26 p.m.: La recuperación alcanzó el 80% de la demanda nacional.
- 1:40 p.m.: Quedó restablecido el 100% del Sistema Interconectado Nacional y se cerraron nuevamente las interconexiones internacionales.
¿Qué aprendió Honduras?
El apagón del 10 de septiembre dejó al descubierto la fragilidad del sistema eléctrico nacional. Para el Centro Nacional de Despacho, este evento obliga a revisar de inmediato tres aspectos fundamentales: la necesidad de contar con mayor reserva operativa convencional, la revisión de los esquemas de protección regional y el análisis de los límites de penetración renovable sin respaldo térmico.
Un fallo a miles de kilómetros demostró que, en una red interconectada, la falta de inversión y reservas locales se paga con oscuridad total en menos de 60 segundos.
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