Niños indígenas y afrohondureños según un diagnóstico que se realizó en 15 municipios de los departamentos de Colón, Gracias a Dios, Lempira y Yoro, se enfrentan a las agresiones o abuso sexual.

Es el departamento de Colón es el que reveló que tiene el porcentaje más alto de agresión o abuso sexual.

Se reportan 124 embarazos en adolescentes por cada mil menores en Colón, 125 en Gracias a Dios, 124 en Yoro y 115 en Lempira. Todos por arriba del promedio nacional que es de 101.

El estudio se realizó con el apoyo de Ayuda en Acción, la Comisión de Acción Social Menonita (CASM) y la Fundación de Acción Comunitaria de Honduras (Funach).

Incluyó a menores entre 12 y 17 años, líderes de las comunidades, actores locales yorganizaciones defensoras de derechos de la niñez.

Los resultados del diagnóstico se clasificaron en cuatro áreas que son planteadas porla Convención de los Derechos del Niño: el derecho a la vida y la salud, a la educación; a la protección, seguridad y libertades, y la movilidad humana.

“El estudio solo refleja la vulneración continua de la niñez indígena y afrohondureña y desnuda la ausencia de lo que históricamente la agenda pública no ha hecho en el país en materia de infancia, especialmente en poblaciones postergadas”, dijo atunota Roberto Bussi, director de Ayuda en Acción.

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Otros hallazgos

El diagnóstico estableció además que en las comunidades indígenas de Yoro y Gracias a Dios se presentan altas dificultades para registrar a los niños al nacer.

Las familias viven lejos de un centro en el que labore un Registro Nacional de las Personas (RNP) y los escasos o nulos ingresos no les permiten costear el transporte para inscribirlos.

Por ejemplo, en Gracias a Dios solo hay una oficina de RNP en Puerto Lempira, lo que deja al 80% de la población sin servicio.

Son cinco de cada 10 niños que no son debidamente registrados.

No hay cultura de denuncia

Solo los centros de salud detectan el abuso sexual cuando hay embarazo. En Gracias a Dios se ve como normal que una niña adolescente salga embarazada.

Otro dato alarmante es que el número de muertes violentas de menores se duplicó en el 2021. Pasó de 27 que se reportaron en el 2020 a 57.

De ellos, el 42% se registró en Yoro, 26% en Lempira, 27% en Colón y el reporte más bajo fue de 4.8% en Gracias a Dios.

“Las niñas y niños son los más afectados por la violencia. La vulnerabilidad de las niñas aumenta cuando alcanzan la adolescencia. Hay una combinación de factores.

Las indígenas discapacitadas no tienen ningún tipo de atención y eso las expone a mayor riesgo”, comenta Janeth Flores, de la unidad de protección de Plan en Honduras.

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El diagnóstico revela una situación que requiere respuestas inmediatas y efectivas, focalizadas y pertinentes, desde los múltiples actores.

"Desde el Estado de Honduras se debe asegurar mayor presencia a nivel territorial y trabajar bajo mecanismos de gobernanza junto con entidades comunitarias, en un esfuerzo colectivo por generar ambientes habilitantes y protectores", dijo Dilmer Maradiaga, gerente de Programas Ayuda en Acción.