La embajadora de Estados Unidos en Honduras, Laura Dogu, externó este viernes su preocupación por la escalada de violencia en la zona del Aguán, en el departamento de Colón, en el Caribe de Honduras.

Además, la diplomática estadounidense manifestó su apoyo a la titular de la Secretaría de Derechos Humanos, Natalie Roque, en su esfuerzo por garantizar los derechos humanos en el área.

Asimismo, Dogu instó a otras instituciones a sumarse al esfuerzo por la defensa de los DD.HH. en esa zona del país, que en los primeros días del 2023 registra la muerte de tres ambientalistas.  

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Escalada de violencia

"La escalada de violencia en la zona del Aguán es preocupante. Apoyamos a Natalie Roque y en sus esfuerzos por garantizar los DD.HH. en el área, e instamos a otras instituciones a sumarse a este esfuerzo", escribió Dogu en su cuenta de Twitter.

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En un primer tuit, la embajadora estadounidense lamentó el fallecimiento de Omar Cruz Tomé, presidente de la Cooperativa Campesina Los Laureles, quien fue asesinado a balazos en Tocoa, Colón.

"Me entristece profundamente el fallecimiento de Omar Cruz Tomé. Mi más sentido pésame a sus familiares y amigos por tan lamentable pérdida", publicó Laura Dogu.

Violencia en el Aguán

Cruz Tomé, de 46 años, se convierte en tercer líder social asesinado en Honduras en lo que va de 2023.

Aly Domínguez y Jairo Bonilla fueron las primeras víctimas del año, en el mundo.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Oacnudh) condenó los recientes hechos violentos en ese sector de la nación.

Además, instó al Estado de Honduras a intervenir de manera oportuna, adecuada, integral y en garantía de los derechos humanos para proteger a la población; en particular a los defensores de derechos humanos, de la violencia generalizada en la zona del Aguán.

El 7 de enero Domínguez y Bonilla, defensores de los ríos del Parque Nacional Carlos Escaleras, fueron asesinados en Guapinol.

Ellos y una treintena de activistas llevaban un lustro denunciando la contaminación de la minería a cielo abierto en la zona que, aseguran, provoca reacciones alérgicas y malestar en la comunidad.

Los tres son rostros de una tendencia que no cesa y que mantiene a América Latina y el Caribe como la región más mortífera para los defensores de derechos humanos.

Es una tendencia que rompe miles de familias, y que subraya la idea de que proteger el territorio, cuesta la vida. 

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