Hace 61 años, una tragedia en las carreteras del sur de Honduras truncó la vida de decenas de personas, en su mayoría niñas bailarinas del Ballet Infantil de Costa Rica, que se dirigían hacia Tegucigalpa con ilusión de cumplir una misión artística y solidaria.
Llenos de alegría, esperanza y solidaridad, estudiantes, profesores y padres de familia habían salido de San José, Costa Rica, el sábado 28 de junio de 1965. La delegación pasó la noche en Nicaragua y retomó el recorrido al día siguiente con destino a la capital hondureña, sin imaginar que el viaje terminaría en una de las tragedias viales más recordadas entre ambos países.
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El hecho ocurrió el 29 de junio de 1965, cuando el autobús que transportaba a la delegación artística presentó desperfectos mecánicos y se accidentó en el cerro de Chinchayote, a la altura de la comunidad El Carrizal, en el municipio de El Corpus, departamento de Choluteca.

El vehículo cayó aproximadamente a 25 metros, provocando la muerte de 34 personas, en su mayoría bailarinas del grupo infantil. Otras 18 personas lograron sobrevivir al accidente.

En el lugar que hoy se conoce como "la cuesta de los Ángeles" fue construido un monumento en memoria de las víctimas, como recordatorio de aquel hecho que marcó la historia de solidaridad entre Honduras y Costa Rica.
Homenaje a las víctimas del ballet tico
La Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), Campus Choluteca, realizó un acto conmemorativo para honrar la memoria de las víctimas, en el que se destacó no solo el impacto humano del hecho, sino también el profundo vínculo de solidaridad que surgió entre ambos países tras la tragedia.
Durante la actividad, docentes y representantes costarricenses recordaron que las víctimas eran principalmente niñas de entre 13 y 18 años, integrantes de una delegación artística que se dirigía al Teatro Manuel Bonilla, en Tegucigalpa.

Su objetivo era participar en una presentación benéfica destinada a recaudar fondos para la entonces Liga Hondureña contra la Poliomielitis, una causa humanitaria que buscaba apoyar a niños afectados por esta enfermedad. Sin embargo, el viaje terminó en tragedia antes de alcanzar su destino.
La tragedia que unió a dos países
En el acto, la docente de la UNAH, Eimy López, destacó el valor artístico del grupo y la huella emocional que dejó el suceso, subrayando que este episodio unió de manera profunda a hondureños y costarricenses en un mismo sentimiento de dolor y solidaridad.
Por su parte, Ana Patricia Fernández, de la Asociación de Costarricenses Residentes en Honduras, recordó la respuesta inmediata del pueblo hondureño, que se movilizó para auxiliar a las víctimas, trasladarlas a centros asistenciales e incluso facilitar el aterrizaje de aeronaves con personal médico tico en el aeropuerto Toncontín, pese a las limitaciones de la época.
El diplomático costarricense Jorge Umaña Vargas también resaltó que las jóvenes viajaban movidas por una causa noble, y que su memoria continúa viva como símbolo de hermandad entre ambas naciones.
A más de seis décadas del hecho, la tragedia del Ballet Infantil de Costa Rica permanece como un recordatorio de la fragilidad de la vida, la solidaridad en medio del dolor y los lazos históricos que unen a Honduras y Costa Rica.
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