A una semana del derrumbe que cobró la vida de tres personas en el sector de Loarque, sobre el Anillo Periférico de la capital, el escenario continúa siendo un recordatorio de la tragedia.
Las bodegas permanecen sin operaciones, el acceso sigue restringido por la Policía Nacional y, mientras continúan los trabajos pendientes en la zona, crecen las interrogantes sobre si el desastre pudo haberse evitado y qué ocurrirá con un terreno que expertos consideran todavía de cuidado.
Un lugar detenido en el tiempo
Durante un recorrido realizado por este medio, se constató que las instalaciones permanecen cerradas, sin actividad y con visibles daños provocados por el desprendimiento masivo de tierra y roca. Grandes bloques continúan sobre la zona del impacto, mientras parte de los escombros y estructuras metálicas destruidas permanecen en el sitio.
Fuentes anónimas en el lugar aseguraron que las bodegas no volverán a operar en ese punto y que, tras la tragedia, existe la decisión de trasladarlas debido a que el terreno ya no ofrece condiciones de seguridad.
Quienes transitan diariamente por el sector afirman que el ambiente cambió por completo. Donde antes había ingreso constante de vehículos de carga y trabajadores, ahora predominan el silencio y la incertidumbre.
Acceso restringido y trabajos pendientes
Otro de los cambios más notorios es el fuerte control en la zona.
Personas del sector indicaron que la Policía Nacional mantiene restringido el ingreso, incluso para medios de comunicación, por instrucciones que obviamente están relacionadas con aspectos de seguridad ante un eventual percance.
Asimismo, según información obtenida en el lugar, durante esta semana comenzarán los trabajos para retirar los escombros restantes y los daños provocados por el derrumbe, labores que serán realizadas por una aseguradora, cuyos detalles se omiten por tratarse de información no oficial.

Entre los restos todavía permanece un camión que habría quedado completamente atrapado bajo toneladas de roca y tierra. Habitantes del sector aseguran que hasta ahora no ha podido ser removido debido a la complejidad de los trabajos.
Vecinos aseguran que existían señales de advertencia
Una de las versiones que más ha llamado la atención tras la tragedia proviene de personas que conocen el sector desde hace varios años.
De forma anónima, varias fuentes manifestaron que anteriormente ya se había registrado un desprendimiento en el mismo punto del cerro, el cual incluso llegó a sepultar completamente un vehículo.

Según sus testimonios, ese incidente habría evidenciado que el terreno presentaba condiciones de riesgo, por lo que consideran que pudieron haberse tomado medidas preventivas antes de que ocurriera el derrumbe que terminó cobrando vidas humanas.
Aunque estas versiones no forman parte de un informe oficial, coinciden en señalar que el lugar ya mostraba señales de inestabilidad.
Expertos apuntan a un problema de diseño, no del terreno
Las explicaciones técnicas también apuntan hacia posibles fallas en la intervención realizada sobre el cerro.
El geólogo hondureño Aníbal Godoy considera que el colapso no obedeció a una falla natural del terreno, sino a un deficiente diseño del talud, al señalar que se realizó un corte prácticamente vertical y de gran altura, sin evidenciar las medidas de ingeniería que normalmente requieren este tipo de obras.
Godoy explicó que antes de ejecutar cortes de esta magnitud deben realizarse estudios geológicos y geotécnicos que permitan conocer la composición del suelo, la estabilidad del terreno y la presencia de fracturas o materiales alterados.
Con esa información, indicó, los especialistas determinan la inclinación adecuada del talud y, cuando la altura es considerable, suelen diseñarlo mediante terrazas o gradas que reduzcan el riesgo de deslizamientos.

El especialista recordó además que participó entre 2012 y 2014 en el mapeo de deslizamientos de Tegucigalpa y aseguró que esa zona no figuraba como un área de riesgo natural, por lo que considera que el problema estaría relacionado con la ejecución de la obra y no con la geología del sector.
Asimismo, el especialista advirtió que existen otros taludes con condiciones similares a lo largo del Anillo Periférico. Por ello, recomendó realizar una evaluación técnica de estas estructuras y que las autoridades competentes exijan las correcciones necesarias para prevenir nuevos accidentes.
El desgaste natural también juega un papel importante
Por su parte, el geógrafo y analista educativo, Carlos Héctor Sabillón, explicó que este tipo de estructuras también sufren un desgaste constante debido a la exposición al calor, al frío y a las lluvias.
Según detalló, los cambios de temperatura provocan procesos de expansión y contracción que generan grietas en las rocas, debilitándolas progresivamente hasta favorecer desprendimientos, especialmente cuando no existen obras de estabilización.

Sabillón añadió que el material presente en el lugar no corresponde a una roca completamente consolidada, sino a sedimentos compactados que siguen siendo vulnerables a la acción del agua y la gravedad.
El especialista también cuestionó la falta de estudios técnicos previos y sostuvo que los proyectos de este tipo deberían incluir sistemas de drenaje, terrazas y otras medidas que reduzcan significativamente el riesgo de colapso.
El informe de las autoridades
Mientras el sitio permanece prácticamente intacto y las labores de limpieza avanzan lentamente, hasta este día se ofrecieron detalles.
La Alcaldía Municipal del Distrito Central había anunciado la presentación de un informe técnico con los hallazgos del caso 72 horas después del incidente; sin embargo, fue hasta este mediodía, una semana después de la tragedia que se dio a conocer un informe preliminar.
Más allá de los escombros que todavía permanecen en Loarque, la tragedia dejó una pregunta que sigue sin respuesta para muchos capitalinos.
¿Pudo evitarse una pérdida de vidas humanas si las advertencias y los estudios técnicos se hubieran atendido a tiempo?
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