Durante su homilía de este domingo, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez llamó a reflexionar sobre la distancia que puede existir entre las palabras y las acciones, y cuestionó la falsedad, la hipocresía y la doble moral, especialmente entre quienes ejercen algún tipo de liderazgo.
Rodríguez centró su mensaje en la parábola de los dos hijos, relatada en el Evangelio, en la que un padre pide a sus hijos que trabajen en su viña. El primero se niega inicialmente, pero después se arrepiente y cumple con la petición; mientras que el segundo responde que sí irá, pero finalmente no lo hace.
Para el cardenal, esta parábola deja una enseñanza sobre la importancia de que las acciones sean coherentes con las palabras.
La falsedad y la hipocresía, la mentira y la incoherencia, la infidelidad de la palabra dada, la doble vida, la doble moral no son aceptables ante Dios y mucho menos en los dirigentes sociales, políticos y religiosos.
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Rodríguez explicó que el segundo hijo representa a quienes mantienen una apariencia de fidelidad, pero no cumplen con aquello que dicen, mientras que el primero simboliza a quienes pueden haberse equivocado inicialmente, pero reconocen su error y finalmente actúan.
El religioso también señaló que este mensaje no debe dirigirse únicamente a otras personas, sino que representa un cuestionamiento para cada creyente.
"¿Cuántas veces decimos una cosa y hacemos otra? ¿Con cuál de los dos hijos nos vamos a identificar?", planteó durante su reflexión.
"Las palabras por muy hermosas que sean no dejan de ser palabras"
El cardenal insistió en que la fe no puede reducirse únicamente a discursos, creencias o declaraciones, sino que debe reflejarse en la manera en que las personas viven diariamente.
"Las palabras por muy hermosas que sean no dejan de ser palabras", expresó.
Según Rodríguez, la verdadera fe implica intentar vivir de acuerdo con aquello que se dice creer y dar testimonio mediante las acciones.
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En ese sentido, hizo un llamado a evitar la hipocresía, la mentira, la falta de coherencia y la doble moral, y pidió que no exista distancia entre las palabras y la vida cotidiana.
Hoy le podemos decir al Señor: Señor Jesús, que no haya distancia entre lo que digo con mis palabras y lo que vivo con mi vida de cada día. Ayúdanos a ser coherentes y a vivir lo que creemos.
