Las pandillas en Honduras cambian de territorio y es la presión policial en las grandes ciudades la que provoca desplazamientos de presuntos integrantes hacia municipios y comunidades rurales.
La alerta ya tiene nombres y lugares concretos: Jamastrán, en El Paraíso; Cantarranas y Ojojona, en Francisco Morazán.
En estos sectores, las autoridades ejecutaron capturas e identificaron movimientos de personas presuntamente vinculadas a la Mara Salvatrucha (MS-13) y la Pandilla 18.
El fenómeno, conocido como 'efecto cucaracha', describe el desplazamiento de integrantes de estructuras delictivas hacia otros territorios cuando las fuerzas de seguridad intensifican sus operaciones.
Ahora, las investigaciones policiales apuntan a un riesgo adicional: que estos movimientos faciliten la instalación de nuevas actividades de extorsión en comunidades del interior del país.
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De Tegucigalpa a Jamastrán: el desplazamiento de las pandillas
Uno de los casos recientes ocurrió en Jamastrán, departamento de El Paraíso, donde las autoridades capturaron a un supuesto integrante de la MS-13.
Al detenido lo identificaron como Isaías José Rodríguez Manzanares, originario de Tegucigalpa.
Según la información policial, el sospechoso llegó a esa zona para evadir las operaciones de seguridad.
Las autoridades también lo señalan de intentar establecer actividades de extorsión en el sector.
La captura ocurrió durante labores de seguimiento e investigación y se informó que este caso forma parte de las pesquisas sobre el desplazamiento de presuntos pandilleros desde las ciudades hacia municipios del interior.

Buscan nuevas rutas ante la presión policial
Las advertencias sobre estos movimientos comenzaron antes de noviembre, el 28 de septiembre de 2026, el director de la Policía Nacional, Rigoberto Oseguera Mass, informó sobre desplazamientos de presuntos pandilleros hacia Cantarranas.
Durante aquella jornada, las autoridades desplegaron 134 puntos de operación en los 18 departamentos y ejecutaron más de 20 allanamientos.
Oseguera Mass explicó que integrantes de estas estructuras estaban utilizando rutas hacia municipios cercanos a las ciudades.
Ese mismo día, la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) reportó tres capturas en Cantarranas y Ojojona.
En Cantarranas fueron detenidos dos presuntos integrantes de la Pandilla 18, identificados con los alias de "Escalador" y "Kike".
Ambos enfrentaban señalamientos por tráfico de drogas y asociaciones terroristas.
Mientras tanto, en Ojojona, los investigadores capturaron a una mujer conocida como "La Patrona", presunta integrante de la MS-13, por el supuesto delito de asociaciones terroristas.
El riesgo de que la extorsión llegue a las comunidades rurales
El desplazamiento de presuntos pandilleros también mantiene bajo vigilancia a las comunidades donde las autoridades investigan posibles intentos de establecer actividades ilícitas.
La extorsión figura entre las principales preocupaciones de los investigadores.
En el caso de Jamastrán, las autoridades relacionan al sospechoso detenido con un supuesto intento de introducir esta actividad delictiva.
Además, los equipos policiales reciben reportes de ciudadanos sobre personas desconocidas que llegan a sus comunidades.
Las investigaciones buscan determinar si esos movimientos guardan relación con estructuras criminales que operan en otras regiones.
La distancia entre aldeas, las dificultades de acceso y el temor a represalias representan obstáculos para las denuncias y el seguimiento policial.

La Policía reconoce las dificultades para controlar el territorio
La expansión territorial de las pandillas en Honduras también ha sido reconocida por las autoridades de Seguridad.
En septiembre, el viceministro de Seguridad para Asuntos Policiales, Rommel Martínez, admitió que estas organizaciones mantienen presencia en sectores donde la cobertura policial enfrenta limitaciones.
El funcionario abordó esta situación al referirse al desplazamiento de familias amenazadas por estructuras delictivas en la colonia Villa Nueva, en Tegucigalpa.
Martínez reconoció que la Policía no puede mantener presencia permanente en todos los sectores del territorio nacional.
También señaló dificultades para investigar delitos cuando las víctimas temen denunciar o declarar contra los responsables.
El efecto cucaracha cambia el escenario de seguridad
La expresión efecto cucaracha describe una dinámica que las autoridades observan durante las operaciones contra organizaciones delictivas.
Cuando aumenta la presión policial en determinado territorio, algunos de sus integrantes buscan trasladarse hacia otros lugares.
En Honduras, las recientes capturas y advertencias policiales muestran que las investigaciones ya incluyen municipios alejados de los principales centros urbanos.
Sin embargo, el traslado de sospechosos no significa necesariamente que las organizaciones hayan establecido control sobre las comunidades donde buscan refugio.
Por esa razón, los investigadores intentan identificar rutas de desplazamiento, posibles colaboradores y actividades delictivas vinculadas con estos movimientos.
El desafío de impedir que las estructuras encuentren nuevos refugios
La ofensiva contra las maras y pandillas ya no se concentra únicamente en Tegucigalpa y San Pedro Sula.
Las capturas en Cantarranas, Ojojona y Jamastrán muestran que las autoridades también están siguiendo movimientos sospechosos hacia municipios del interior.
La vigilancia de estos territorios forma parte de las operaciones destinadas a impedir la instalación de nuevas actividades delictivas.
El desafío para la Policía no termina con expulsar a los presuntos pandilleros de sus antiguos refugios.
También debe impedir que encuentren otros en las aldeas hondureñas.
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